Ricardo Hurtado junto al retrato de Sophie de Grouchy que está en el centro. Foto: ©Almendralejoaldía

Ricardo Hurtado Simó (Sevilla, 1984) vivió en una familia “atípica”, de esas que rompen estadísticas y estereotipos cuando es el padre quien aparta a un segundo plano su carrera profesional para el cuidado familiar, y la madre continúa con ella sin sacrificarla. Y no sólo eso, sino que ocupa un puesto tradicionalmente masculino como consejera en la dirección de uno de los clubes de fútbol más reconocidos de España, el Real Betis Balompié. De ahí que, en un par de ocasiones, este profesor de Filosofía haya aunado la escritura con la historia del club verdiblanco.

Pero su trabajo literario y profesional desde su tesis doctoral ha estado encaminado a la investigación sobre la igualdad y el feminismo en el siglo XVIII. Ha escrito seis libros sobre este tema, además de numerosos ensayos y artículos. Hace tres años que recaló como profesor en el IES Santiago Apóstol y su incansable búsqueda, junto con la participación en foros y debates, le llevó a trabajar de la mano de la Asociación Amiga 1931.

Ahora ha sido este colectivo local de mujeres quien le han agradecido su colaboración en forma de galardón, y Ricardo ha recibido el primer Premio de Igualdad que ha entregado la asociación. Está contento de vivir en Almendralejo y trabajar en este centro en el que, asegura, ha sido muy bien acogido. Éste es su primer año como jefe de estudios. “Me siento muy cómodo, tanto que mi idea es asentarme aquí”, asegura. Hablamos con él.

-¿Cómo llega a contactar con Amiga 1931?
-He participado en varias ocasiones con la asociación en algunas charlas. Yo me pongo en contacto con ellas porque siempre me ha interesado mucho el tema de la igualdad y quería traer a asociaciones locales para dar charlas en mi asignatura. A partir de ahí contaron conmigo y yo con ellas.

-¿Sobre qué han versado las charlas que ha impartido?
-Sobre los comienzos del feminismo. Yo hice mi tesis sobre una pionera del feminismo, Sophie de Grouchy, una mujer desconocida en nuestro país.

-¿Quién era?
-Fue una mujer ilustrada, del siglo XVIII, muy importante en la Revolución Francesa, que tenía un salón como lugar de debate donde se reunían intelectuales de la época. La particularidad radicaba en que era un salón de mujeres. Además escribió un libro, de los primeros que se conocen, donde habla abiertamente de la desigualdad entre hombre y mujer, y defiende lo mucho que tiene que luchar la mujer para estar en una situación igualitaria con respecto al hombre.

-La desigualdad de géneros es algo que siempre ha estado en la historia, pero ¿desde cuándo existe conciencia sobre esto?
-En el siglo XVII ya hay textos en los que se quejan de la vida tan dura que llevan, pero no hay una reivindicación. No es hasta el XVIII cuando hay conciencia de que algo hay que hacer. Un sentimiento sobre que no sólo hay que lamentarse, sino que se puede y se debe luchar para que la desigualdad se acabe.

-Una reivindicación que, desde entonces, ha tenido altibajos.
-Estas mujeres tuvieron su auge en la Revolución Francesa, pero cuando fracasa se meten otra vez en el cajón del olvido.

«Me llamó la atención que en cinco años en la carrera de Filosofía no estudiáramos a mujeres»

-¿Por qué centra su tesis en esta mujer?
-Estudiando la carrera me llamó la atención que en cinco años no estudiáramos a mujeres. Me preguntaba si no había filósofas o intelectuales de la que se puediera saber algo. Así llegué a Condorcet, un ilustrado feminista, que citaba a su mujer Sophie de Grouchy.

-¿Por qué no se estudia a mujeres en la carrera de Filosofía?
-Creo que no se estudian de forma deliberada y voluntaria. Mujeres hay en la historia, pero su pensamiento es revolucionario, progresista, subversivo, que va contra el sistema. La historia ha sido escrita por y para hombres. Las mujeres o han sido silenciadas o no han tenido acceso a una educación que les permitiera llegar a cotas altas. En las clases también me lo preguntan.

-¿Incluye a las mujeres en sus clases?
-Sí. Sé que me salgo del currículum e intento dar un enfoque feminista a mi temario. Es una forma de abrir los ojos a mis alumnos, chicos, para que sepan que las mujeres han dicho mucho a la Filosofía, y a las alumnas, para que sean conscientes de que tienen un espejo donde mirarse.

«una clase de Educación para la Ciudadanía la impartí usando el femenino. A los pocos minutos algún alumno levantó la mano para decirme que él no era una chica y que no le gustaba»

-¿Cómo lo reciben?
-Con sorpresa porque no están acostumbrados. Las chicas con mucho interés, me pide textos, los trabajos voluntarios los hacen sobre mujeres. Y los chicos algunos con apatía porque piensan que las cuestiones de género e igualdad son de mujeres, y no va con ellos. Incluso alguno lo rechazan. En una clase de Educación para la Ciudadanía la impartí usando el femenino. A los pocos minutos algún alumno levantó la mano para decirme que él no era una chica y que no le gustaba. Quería poner de manifiesto, de forma provocativa, que el lenguaje que utilizamos es masculino.

-¿Es una alarma la poca conciencia de género que existe entre los jóvenes?
-Alarma no, pero sí es preocupante. En los chicos hay total apatía hacia estos temas porque piensan que son de mujeres, y de mujeres radicales. El machismo siempre ha estado presente, pero en los últimos tiempos a través del cine, la publicidad o la música se están potenciando mucho las actitudes machistas. Y los niños y las niñas lo interiorizan. Ellos cosifican a las chicas, en un objeto bello para consumir, en algo hecho para que haga lo que el hombre quiera y cuando quiera.

-¿A qué se debe ese retroceso?
-Es una tendencia fomentada por el consumo. La música machista vende más que la música igualitaria; las series y películas en las que hay sexo y la mujer está ahí para lo que quiera el hombre, venden más que una en la que no hay sexo. En los anuncios mientras más buena está la tía, más te llama la atención. Eso vende. El sistema, basado en acumular riqueza, promueve eso sin importar las consecuencias.

«El próximo curso impartiremos una asignatura pionera en España, optativa para tercero de ESO, Educación para la Igualdad de Género»

-¿En qué lugar queda la educación (familiar y escolar)?
-Por desgracia queda en un lugar secundario. Nosotros estamos con ellos 30 horas, el resto consumen revistas o series que tiran por tierra todo lo que se dice aquí. Yo hago una reivindicación de nuestras materias. Filosofía son tres horas a la semana, pero Educación para la Ciudadanía o Valores Éticos (alternativa a la Religión) se imparte una hora. Cala muy poco en el alumnado. En Valores Éticos tratamos problemas reales y actuales como los Derechos Humanos, el multiculturalismo, medio ambiente, la situación de las mujeres, la diversidad de quererse y matrimonios. Es una asignatura muy necesaria, incluso debería ser obligatoria, por encima de Religión que debe ser una opción.

-¿Trabajáis en la igualdad a lo largo de todo el año?
-Sí. Este año pusimos en marcha el proyecto Mujeres para conocer a aquellas que han tenido un papel en la historia y para darle un toque igualitario al centro. La semana pasada hemos tenido la Semana de la Diversidad, pintamos el lazo violeta en la entrada, tenemos un pasillo con fotografías de mujeres relevantes. Las cuestiones de violencia de género se tratan en tutorías y en el departamento de Orientación durante todo el curso. Todo el centro está muy implicado en esta cuestión, me siento muy afortunado por trabajar aquí. Además para el próximo curso impartiremos una asignatura pionera en España optativa para tercero de ESO, Educación para la Igualdad de Género.

-¿Hay posibilidad de revertir la situación?
-Quiero pensar que sí, que el esfuerzo que se hace desde muchas esferas va a dar resultados. Pero es lento. Hoy asistimos al auge de movimientos sociales y políticos que defienden abiertamente la desigualdad, critican las leyes que defienden a la mujer o cuestionan casos de violencia de género. Pero estoy convencido de que en situaciones en las que hay un discurso reaccionario, es cuando las mujeres se enfrentan y se levantan contra ese movimiento. No es casualidad las manifestaciones multitudinarias de los 8 de marzo de los dos últimos años. Son conscientes, por desgracia, de que si se relajan o confían, sus derechos pueden verse mermados rápidamente.

-¿Debería haber leyes más contundentes?
-Sí. En España mueren alrededor de medio centenar de mujeres al año por violencia machista. Si fueran 50 personas víctimas de atentados de ETA, de atentados yihadistas o personas infectadas por ébola de inmigrantes en patera, te aseguro que esto estaría en todos los debates y todas las instituciones habrían tomado medidas más contundentes. Es algo normalizado desde hace mucho tiempo. Nuestra sociedad es machista por naturaleza, por motivos económicos, sociales, religiosos y se ve como algo natural. Aunque la Ley de Violencia de Género es respetada por todos los colectivos feministas del mundo, pero queda mucho por hacer. Hay que concretar, afinar en casos como abuso o violación, proteger más a los hijos de las víctimas…