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¿Alimento o milagro?

A mi amiga Mamen, o Mari, como tú quieras.

Se dan  determinadas situaciones vitales que nos llevan a plantearnos las cosas cotidianas como las herramientas que cambiarán nuestra situación, una maravillosa  sugestión  que no en pocas ocasiones, puede ser la clave.

Me apetecía aclarar algunas cuestiones sobre las “virtudes alimentarias” en contra del cáncer que aparecen en muchas publicaciones actualmente, libros de recetas anticáncer  cargados de polémicas declaraciones pseudocientíficas.

Sabemos  que las frutas y verduras frescas (libre de pesticidas), el pescado fresco, los frutos secos (sin salar, ni tostar) y el aceite de oliva virgen extra, son alimentos avalados científicamente por su potencial protección contra enfermedades cardiovasculares, y también ayudan a conservar las funciones cognitivas (prevención  alzhéimer). Además se consideran importantes para evitar y reducir el riesgo de desarrollar ciertos tumores malignos.

Sin embargo, “no hay evidencia de que determinadas comidas alteren el entorno de un cáncer existente a nivel celular y lo hagan crecer o morir” (Dra.Platz, 2014). Luego, podríamos asegurar el  gran el valor de la alimentación en la prevención del cáncer, pero  es inaceptable afirmar que una dieta pueda curarlo.

En España las Directrices Generales Codex (FAO)  marcan que en los etiquetados se incluyan la proporción de fibra y los derivados grasos. Para el objeto de este artículo me parece relevante el hecho de que estas directrices permiten únicamente destacar cuando el alimento es una fuente significativa de un nutriente determinado, así como si el nutriente tiene una función concreta, deberá basarse en un consenso científico apoyado por la autoridad competente. Dicho esto, no se deben sugerir indicaciones para la cura de enfermedades, tratamiento o protección contra el cáncer.

Me voy a referir al  Estudio EPIC  (Investigación Prospectiva Europea en Cáncer y Nutrición) con 15 años de funcionamiento, como ejemplo de las miles de investigaciones para estudiar los vínculos entre la alimentación, el cáncer y otras enfermedades al respecto. En este análisis epidemiológico, aplicado a medio millón de europeos, se ha descubierto que existe un vínculo entre el consumo de carne roja y/o carnes procesadas  junto al consumo de alcohol y un aumento en el riesgo de cáncer de colon. Por otro lado, una dieta rica en fibra lo disminuía.

He intentado hacer un resumen de los componentes de la dieta que más incertidumbre generan al buscar posibles asociaciones con el riesgo de cáncer:

Vino: Aunque se ha sospechado que el vino tinto reduce el riesgo de cáncer, no hay evidencia científica de tal asociación. El consumo excesivo o regular de cualquier tipo de bebida alcohólica aumenta el riesgo de presentar cánceres de la cavidad bucal (garganta, laringe, esófago) hígado, seno, colon y recto.

Carne o pescado chamuscados: La exposición a altas concentraciones de aminas heterocíclicas (AHC) y de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) que son sustancias químicas que se forman en el músculo (carne) tanto de aves, pescado como ternera o cerdo, al cocinar usando métodos de alta temperatura, puede causar cáncer en animales; sin embargo, no está claro si tal exposición afecta de igual modo al humano.

Coles y brócoli: Las verduras crucíferas contienen compuestos químicos conocidos como glucosinolatos, estos compuestos han mostrado efectos anticancerosos en células y en animales, pero los resultados de estudios en seres humanos no han sido tan claros de momento.

Lácteos, yema de huevo, champiñones y germen de trigo: La vitamina D ayuda al cuerpo a usar el calcio y el fósforo para formar y fortalecer huesos y dientes , además de estar presente en estos alimentos, se obtiene principalmente de la exposición de la piel a la luz del sol. Estudios epidemiológicos en seres humanos han indicado que las concentraciones más altas de vitamina D en la sangre, pueden estar asociadas con menores riesgos de cáncer colonrectal.

Como parte de los factores ambientales sobre los que tenemos posibilidad de manipular, ya sabemos que  la dieta de toda una vida puede  influir en la reducción del riesgo de sufrir cáncer en personas, aunque es un factor que se suma a la predisposición genética individual, sobre la que no tenemos posibilidad de acción. 

Ahora corresponde pensar en los pacientes ya diagnosticados  y por tanto en las herramientas para facilitar su pronta recuperación tras una sesión de tratamiento.

Para  el diseño de un plan nutricional elegiremos unos alimentos frente a otros por dos razones principalmente:

Propiedades organolépticas (percepción de sabor, textura, olor, color y temperatura) nos hacen sentir bien, se trata de las razones principales por las que nos gusta comer.

Propiedades nutricionales del alimento en cuestión: Valor energético (Kcal), macronutrientes (hidratos de carbono, lípidos y proteínas)  y micronutrientes (vitaminas y minerales).

La quimioterapia puede afectar a las percepciones, intensificando o variando (sabor metálico) las propiedades organolépticas, los pacientes oncológicos sufren a veces  falta de apetito, náuseas y diarreas que podrían generar desnutrición, a continuación unas recomendaciones básicas.

-Recurrir a los purés de verduras caseros con un poco de carne o pescado ya que en pocas cucharadas puedes comer todos los nutrientes, si te sacias rápidamente.

-Las almendras, las nueces, las pipas crudas en pequeñas cantidades son algunos de tus aliados en el aporte energético.

-Beber licuados de frutas y verduras de temporada te aportan vitaminas, minerales y agua.

-No conviene excederse con el azúcar (golosinas, bollería, caramelos, zumos) debido a que no generan ningún beneficio nutricional y aumentan el riesgo de sobrepeso.

-En caso de diarrea evitaremos el café, el chocolate, el alcohol y los condimentos irritantes, como por ejemplo la pimienta. Las bebidas vegetales o leche sin lactosa mejor que la leche.

-Las bebidas gaseosas desaconsejadas, principalmente si se presenta Inflamación en la mucosa de la boca.

-Si existen dificultades para tragar los alimentos líquidos (disfagia) No conviene hacer una comida de doble textura como caldos con arroz o pasta, leche con magdalenas, yogurt con trozos de fruta…

-Condimentar con hierbas aromáticas que nos gusten, evitando el exceso de sal.

Alimentémonos equilibradamente, desmitifiquemos las propiedades milagrosas y dejémonos asesorar por profesionales.