Los alumnos de nuevo ingreso de los institutos ya no están solos. Tienen a una brigada de compañeros veteranos dispuestos a echarles una mano si lo necesitan, no sólo los primeros días del curso, sino a lo largo de todo el año. Son los llamados alumnos ayudantes, acompañantes o amigos. Un programa que se desarrolla en los tres institutos de la ciudad, aunque con difentes apellidos. Hemos hablado con el grupo del IES Arroyo Harnina.

Su misión es la resolución de conflictos, ayudar o acompañar a cualquier alumno que se sienta solo, organizar actividades en los recreos o incluso apoyo en el estudio. Tareas que se les encomiendan a chicos y chicas de primero de bachillerato. Durante el curso pasado se formaron para poder desarrollar sus funciones en estos nueve meses. Ahora serán estudiantes de cuarto de ESO quienes pasen por este periodo de aprendizaje previo. En total forman un grupo de 17.

Están liderados por la educadora social del centro, Conchi Martín González, quien siempre está cerca de ellos para cualquier duda o dificultad que les pueda surgir. Ayer ya participaron en su primera misión. Recibir a los alumnos de primero de ESO. Hicieron dinámicas y juegos para perder ese miedo del primer día y que todos se sientan integrados.

Alumnos durante la formación el curso pasado. Foto cedida

Conchi cuenta que es una figura que ha tranquilizado y gustado, a partes iguales, a los padres, quienes ven cómo sus hijos de 12 años van al instituto con compañeros de 18. Es un alivio saber que cualquier conflicto, duda o problema podrá contar en todo momento con un igual. Es el enlace entre el alumnado y los profesores.

Además este año, en el Arroyo Harnina, contarán con una sala que tendrán que decorar para poder hablar con tranquilidad entre ellos. Y continuarán con la terapia canina para la prevención del acoso escolar.

Es una figura que ha tranquilizado y gustado a los padres, quienes ven cómo sus hijos de 12 años van al instituto con compañeros de 18

“Siempre estamos en los recreos y llevamos estas camisetas”, cuenta Lucía con la prenda en la mano. Está diseñada por la profesora de Plástica del centro. Un logo en el que se lee “Alumno Ayudante” con una maraña roja que forma un corazón y termina en el nombre del centro. También suelen llevar chapas identificativas. Aún así ayer pasaron por todas las aulas para presentarse y darse a conocer.

Es todo lo contrario a las novatadas. Isabel asegura que a ella le hubiera gustado contar con esta figura cuando ella empezó en el instituto hace ya casi cinco años, porque no coincidió con nadie de su colegio en clase, y desea que se pueda implantar en la universidad.

Por delante les queda un curso lleno de materias que aprender, pero probablemente cargado de asuntos que solucionar. “Ahora se está poniendo otra vez de moda lo de quedar a la salida para pegarse”, lamenta Conchi. En estos casos los alumnos ayudantes suelen actuar como medida disuasoria ya que con su sola presencia, la cita se disuelve.

Lucía, María, Lorena, Ángela, Elena, Lucía e Isabel junto con Conchi, la educadora social

Algunas de las chicas que pertenecen al grupo son bilingües, así que se ponen también a disposición para refuerzo, por ejemplo, de inglés. Todo a ratitos libres y en recreos, porque a juicio de Conchi, “el sistema aún no está preparado” para dar el valor necesario y tiempo suficiente a los chicos que siempre están dispuestos a ayudar.

El programa se puso en funcionamiento el año pasado, y fue aprobado y subvencionado por la Junta de Extremadura. Dinero que invirtieron en un fin de semana de formación. Este año no han corrido con la misma suerte, pero la educadora social asegura que buscarán los recursos necesarios para poder hacerlo.

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