El colegio Santo Ángel abrió ayer. Sábado. No eran las nueve. Sino algo pasadas las once y media. Decenas de niños y adultos esperaban a que sonara el cerrojo de las hojas de la puerta marrón de madera que accede al patio del centro. Llegaban entusiasmados de la eucaristía oficiada por el padre Antonio San Juan en el Corazón de María (Los Padres). Aún les quedaba una divertida jornada por delante. Fue el punto final, la guinda a un año de celebraciones por la beatificación de su fundador, el padre Luis Ormières.

La maquinaria se puso en marcha en septiembre de 2016. La familia Santo Ángel comenzó a preparar y organizar un año que llenaría el tiempo, no sólo dentro de las aulas, sino también fuera. El momento culmen llegó el 23 de abril del año pasado. Con el viaje a Oviedo y a Gijón. Un autocar, con representantes del colegio de Almendralejo, Llerena y Azuaga, partía hacia tierras asturianas. Celebraciones litúrgicas y vigilias daban fe de la beatificación del fundador, natural de Francia. Visitaron también el colegio gijonés.

A la hermana Ana Bazán, directora general del centro, le emociona contar todo lo relacionado con ese viaje. También cualquier actividad que se ha llevado a cabo en el centro, y de las que destaca la implicación y el compromiso de todo el profesorado, así como alumnos, padres, y antiguas alumnas. Además de la FLAG, que suena a algo relacionado con la bolsa de valores, pero que se trata de la Familia Laical Ángel de la Guarda. Todos trabajan porque cada acto que organice el colegio tenga la mayor repercusión entre quienes se han educado en él, o están vinculados a su especial forma de ser. “Queremos seguir avanzando en el carisma que nos dejó el padre Luis Ormières, que es ser y hacer verdaderos discípulos de Cristo”, cuenta.

Una máxima que llevan a cabo desde la educación, el cuidado de enfermos, las parroquias o la acción social. Una labor que les fue reconocida con la medalla de plata que el Ayuntamiento otorgó al colegio, a petición de sus antiguas alumnas. Un reconocimiento a sus más de 100 años dedicados a la enseñanza en Almendralejo. “Creo que aquí hay muchísima gente que quiere al colegio, que colabora y nos ayuda”, agradece Bazán.

Talleres angelinos
La respuesta la tuvieron ayer. Pequeños y mayores se mezclaron para participar en una gymkana por todo el centro. Y después, en el patio, bajo un soleado falso día de primavera, se elaboraron ángeles con pinzas y cubiletes de magdalenas, con moldes de sándwiches y hasta con galletas, de la mano de la maestra pastelera, Arancha, de Dulcearán.

Muy afanados estaban todos con las mangas pasteleras, el queso o la silicona. Todos querían llevarse un pedacito de Ángel de la Guarda para casa. Y es que el lema que ha regido el centro este año ha sido las palabras del fundador: Ángeles Visibles. Esa ha sido su misión durante algo más de doce meses. Ayer, en un día de fraternidad y convivencia quisieron poner de manifiesto todo lo que para cada uno de ellos supone ser ángeles en una sociedad como la actual. Pero como buena fiesta, no podía faltar la comida. Y la clausura fue un ágape entre todos los presentes que se acercaron a compartir y vivir un día especial para el centro. Casi todos firmaron en el libro de honor, dedicando a las hermanas, a su labor de educación y a sus recuerdos, emotivas palabras en negro sobre blanco.

En este curso se encuentran en una nueva etapa. Vivir en 3D: don, dar, Dios. Con los emoticonos como símbolos de expresión. Y es que el colegio concertado de las religiosas del Santo Ángel nada tiene que ver ya con un lugar de muros cerrados. Sino más bien lo contrario. Sus puertas y su servicio están abiertos a todo. Siempre cerca de la calle. “Intentamos acercar a los niños a su realidad todos los valores que trabajamos”, apunta la hermana.

Buscan grafitero

Muestra de su sintonía con la actualidad y realidad que viven los alumnos que acogen sus aulas, quieren pintar con grafitis un gran muro que preside el patio. Este verano han acometido una importante obra en la pared que da hacia la calle Judería, y la parte de dentro aún no está pintada. La hermana Ana dice que están buscando artistas urbanos que, de manera altruista, quieran plasmar su arte en él. “Dentro de una temática concreta, queremos darle fuerza a través del colorido y a través de ellos mostrar el valor de la pintura”.

La hermana Ana Bazán hace siete años que llegó a Almendralejo. Madrileña de nacimiento, ha recorrido bajo las alas del ángel custodio lugares como Guinea Ecuatorial, los campos rurales de Cádiz en la escuela pública, en El Portal de Jerez, en Sevilla y Madrid trabajando a nivel interno, y su primer destino en Extremadura fue Badajoz. Hasta recalar en la ciudad. “Cuando me iba a incorporar de nuevo a la pública me llamaron y me dijeron que si ese trabajo era irreversible, que aquí me necesitaban. Así que lo dejé y me vine. Estoy felicísima”, dice. Parte del buen trabajo que dirige se lo debe a sus compañeros, de quienes apunta que se siente una más.

Mientras hablamos con ella para elaborar el reportaje el patio está en ebullición, no sólo porque están montando los talleres angelinos, o por el correteo de la gymkana, también por la música que suena en un gran altavoz móvil. En ella se mezclan desde los más exitosos temas de Luis Fonsi o Enrique Iglesias, hasta las más tradicionales canciones que cualquier antigua alumna ha memorizado en las clases de canto.

Para este año tienen preparadas numerosas actividades, entre las que se encuentran las rutas angelinas (24-28 marzo y del 6-11 de agosto); la pascua, campos de trabajo en Bolaños (7-12 julio); o su tradicional campamento de verano para chicos de entre quinto de Primaria y tercero de la ESO, que este año tendrá lugar en Arcas, Cuenca.