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Beee Beee

La primavera llega para llevarse el invierno.

De repente explota el verde. Entre los adoquines de las calles grises se abren paso las malas-buenas hierbas que nos recuerdan que la naturaleza puede con el asfalto. Como la luz, que busca siempre pequeñas rendijas por las que colarse. ¿Han intentado alguna vez oscurecer por completo una habitación? ¿Se han dado cuenta de que lo que parece oscuridad total, sólo hace falta un rato para que nuestros ojos se acostumbren y podamos ver?

¿Han observado que en un lugar de mucho tráfico, basta con que durante unos instantes dejen de pasar coches para que los pájaros invadan el espacio sonoro?

Me pongo a escribir mi artículo, y esta vez no me apetece berrear. Oooohhh… el polen ha debido hacerme una alergia rara…

Y es que aunque el mundo vaya mal, aunque no entienda qué carajo le pasa, cómo puede estar ocurriendo lo de Siria, cómo han podido morir miles y miles de personas en el mar buscando una vida mejor o simplemente huyendo de una muerte segura, cómo hay madres que sobreviven cargando a sus criaturas kilómetros y kilómetros …

uy uy uy… que me sale el berreo sin darme cuenta.

Pues eso.

¿Cómo era…?

Ah, sí, las flores del campo.

Que después del invierno siempre llega la primavera. Y que cuando se cierra una puerta, seguro que se abre una ventana si tienes los ojos listos para verla. Que a mi alrededor hay unas cuantas mujeres que están a punto de parir. Y que la vida siempre continúa.

Aunque hay personas en el mundo que sólo conocen el sufrimiento. Generaciones de niños y niñas que sólo han conocido la guerra y que no saben si conocerán otra cosa. Que las ciudades se caen por los bombardeos de sicarios pagados con nuestros impuestos con un “arrebujo” de medallitas de lentejuelas en el pecho … que … que … beee beee.

¿Cómo era…?

Ah, sí, las flores del campo.

Pues que ha entrado el calor y hay que cambiar los armarios con alegría. Se acabaron las lanas, cuellos altos y chaquetones. Aparecen las ganas de vestirnos con colores vivos, estampados y telas finitas. Menos mal que en alguna parte del mundo, lejos de nuestros ojos, hay un grupo de niños y niñas trabajando, en este mismo instante, para que podamos cambiar el fondo de armario a bajo precio. Porque lo que por esta parte del mapa ahorramos en monedas, por la otra se lo cobran con vida.

Y no se crean que yo, que tanto berreo, soy ejemplo de nada. En un sólo día puedo llegar a ser mil veces incoherente con todo esto que escribo. Quizás lleve una camiseta de H&M, o me esté comiendo un aguacate, que ahora dicen que también provienen de la explotación.

Así que, esta primavera intentaré mirar más las flores, los pájaros y las abejas, y a ver si con el polen se me endulza el pico. Aunque me temo, que mientras el poder siga estando en manos de manadas de hienas… me volveré a quedar sin bocado por tanto berrear.