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Castigar sin deporte

Esta semana durante su sesión fitness en Vita Entreno, tres madres me contaban sobre la tarde del día anterior. Todas ellas habían llevado a sus niños y niña al entrenamiento de voleibol, triatlón o baloncesto. La conversación despertó mi interés y se me ocurrió preguntarles la razón por la que sus hijos hacen deporte semanal, pero también por el motivo por el que dejan de hacerlo.

Nadie discute hoy en día sobre los beneficios de AF, ejercicio  o deporte en la edad infantil, sin embargo, sÍ se dan ciertas contradicciones en los modos de uso del deporte a esta edad. Las tres madres conocían bastante de los beneficios físicos atribuibles a la práctica deportiva infantil, como:

  • Desarrollo adecuado y saludable del aparato locomotor
  • Desarrollo sano del sistema cardiovascular
  • Control sobre el sistema neuromuscular (coordinación y control de los movimientos)
  • Mantenimiento de un peso corporal saludable.

Sin embargo las madres en cuestión no tenían definidas, claramente, las virtudes psicológicas y emocionales atribuibles al deporte en estas edades, como el ser capaces de afrontar la vida con mayor optimismo y energía. El entorno deportivo puede ayudar a superar la timidez o a frenar impulsos excesivos.

A mí me interesaba saber si elegían el castigo sin entrenamiento o sin competición para corregir un conducta negativa de sus hijos, y la respuesta fue, en los tres casos, afirmativa. Me sentí en la responsabilidad de hacer una comparativa con sus vidas; ellas estaban entrenando por razones asociadas a la salud y/o a la estética, pero que sus hijos entrenan principalmente por el sentido catártico y hedonista del deporte como juego, o dicho de otro modo, porque les divierte y  les distrae.

¿ Es por tanto educativo castigar a los/as pequeños/as sin deporte?

El castigo es un proceso de prohibición que suele utilizarse con aquellas actividades preferidas de los niños, buscando un impacto rápido que modifique una conducta negativa, pero la mayoría de las veces es un recurso fácil a mano de los padres, quienes en realidad pretenden solucionar otros problemas. Si los pequeños deportistas observan con frecuencia cómo los castigos los privan de realizar una actividad buena, en la que adquieren un compromiso con ellos mismos, pero también con sus compañeros, cómo van a comprender que pueden dejar de atender esta responsabilidad porque no hayan aprobado un examen, por ejemplo, son cosas totalmente diferentes, es en sí misma, una contradicción.

Además del COMPROMISO Y LA RESPONSABILIDAD como hemos expuesto anteriormente se dan otros valores como el ESFUERZO  y  la PERSEVERANCIA, o el  RESPETO hacia las normas, los adversarios  y  a sus entrenadores/as.

Debemos tener presente que el deporte infantil  se integra en un cuadrado estable de interrelaciones producidas  entre  todos los agentes implicados en la educación o formación deportiva de los niños y niñas, sin embargo en el centro del cuadrado aparecen los padres y madres como figuras fundamentales en el desarrollo (social, personal, académico y deportivo entre otros) de sus hijos, al ser las principales referencias de apego de los niños desde la primera infancia hasta que comienza la adolescencia.

Adaptado de Ortín (2009)

Que los padres y madres eduquen deportivamente significa que: influyan en la adquisición temprana de hábitos saludables, la adaptación a rutinas de entreno y de estudio, el uso adecuado de normas, convengan y coincidan con los entrenadores-formadores en la emisión de mensajes para los pequeños, fomentando así, el desarrollo integral de los deportistas. Investigadores como Dale (1999), han indicado también que los patrones de conducta de actividad física establecidos tempranamente en la vida de los jóvenes, conlleva un estilo de vida activo en la adultez.