Tomás en el interior de la librería Maribel

A Tomás, su dueño, le da mucha pena. Lo confiesa con un tímida sonrisa de cortesía. También que ha llorado cuando algunos clientes se han emocionado al contarles su decisión. La librería papelería Maribel, situada en el centro de Almendralejo, desde 1970, cierra sus puertas. Hace dos meses cumplió 48 años desde su apertura. Su dueño ha tomado esta decisión tras no ser capaz de remontar años malos de ventas en los libros de texto. No ha podido con los gigantes de la venta on line.

Tomás Izquierdo recuerda que hace años había colas en la calle a principios de curso. “Con eso hacíamos el año”, cuenta con nostalgia. Pero llegó Amazon, los colegios, las tiendas de los chinos y las grandes superficies y revolucionaron los canales de venta para comprar los libros y material escolar a los pequeños de la casa. Es uno de los motivos que, reconoce, le han hecho tomar esta medida. Muy meditada y sopesada, porque, asegura, se acuerda mucho de su tío, de quien heredó el negocio. “Mi madre falleció hace unos años. Si ella hubiera vivido no hubiera cerrado, por no darle el disgusto”, se sincera Tomás.

Empezó a trabajar en la librería siendo un niño. Después fue el propietario. Allí ha llegado a tener hasta dos empleados más. Quiere liquidar todo antes de final de año. En su almacén huele a madera y papel. Algunos artículos antiguos. Estanterías muy altas y anchas guardan libretas, bolígrafos, sobres y un sin fin de material fungible y curioso. El librero extiende la mano para enseñarnos un libro de registro de cuentas. “Esto tendrá 25 años, ya no se vende. Yo lo regalo”, apunta. El resto lo tiene en liquidación al 30 por ciento.

Fachada de esquina de la librería Maribel

Algunos libros los ha podido devolver a casas proveedoras que, gracias a su fidelidad y puntualidad a lo largo de décadas, no han dudado en hacerle el favor. Mientras nos lo cuenta insiste en que le da mucha “pena”. Y que lo ha hablado su hermana. Maribel. Por ella su tío puso el nombre al negocio. Precisamente ha sido ella quien le ha asesorado. También está de acuerdo con el cierre.

Otros motivos
Otro motivo que esgrime Tomás por lo que han decaído las ventas es la disminución de empresas locales a las que proveía. “Muchas de ellas han cerrado”, añade; también por la remodelación y supresión de aparcamientos de la calle Francisco Pizarro. “Tuvimos que comprar una furgoneta para repartir. Antes cualquier persona aparcaba enfrente un momento, ahora no pueden”, se lamenta.

Unas causas y otras han desencadenado en una situación insostenible en la que ha preferido bajar la persiana de sus escaparates de esta  esquina mítica de Francisco Pizarro y La Hierba, que ha sido punto de referencia a la hora de quedar u orientarse. “Para enero no quiero estar”, calcula. Tomás tiene 57 años. Vivirá de las rentas hasta que tenga edad para prejubilarse.

La prejubilación y los años de servicio han hecho tomar la decisión, precisamente, del cierre a otra de las librerías, a García-Moreno. Su titular, Lola, comenta que quiere tener más espacio y descansar. Pero no tiene intención de echar el cierre, sino traspasarla. De esta forma, en enero, habrá dos librerías menos en Almendralejo a donde acudir a comprar libros, revistas, bolis y a charlar.