Alicia García Rubiales no dejó nada a la improvisación en su pregón, sólo al inicio de sus anécdotas de 46 años viviendo entre bambalinas el acto central de las Fiestas de la Piedad y la Feria de la Vendimia. Un hecho que le había ocurrido ayer mismo, y es que al salir de su casa, bajaba las escaleras, repasaba: en una mano llevaba las horquillas con la que sujetar la corona de la reina, pero en la otra no llevaba el pregón. Tuvo que volver.

Fue uno de los momentos en los que arrancó la risa del público anoche congregado y que llenaba sentado y de pie el atrio de la Piedad. Demostraba así cuánto le importa este acto, del que una vez más reivindicó no perder su esencia y mantenerlo vivo anclado en las tradiciones. Para el momento se le colocó al lado, bien cerca, su traje regional: “Sé que esto me va a dar suerte”, explicó.

En sus palabras se acordó de sus compañeros de Includes, de la asociación cultural y folclórica Tierra de Barros, de su hija, y por supuesto, de su madre. Fue el renglón más emotivo con el que se le entrecortó la voz y contuvo por segundos la respiración. “Hija, ¿para qué te matas? Si nadie te lo va a agradecer”. Desveló que eran las palabras de su madre, “la mejor peluquera de Almendralejo”, cada vez que llegaban estas fechas.

Pero su amor por este día, por su ciudad y por todo lo que hace, le han arrastrado como una fuerza extraña cada año a organizar y ponerle, una vez más, las horquillas a la chica de turno. Fue un pregón corto, unos diez minutos. Acostumbrada a escuchar cientos de ellos, sabe que más extenso el público desconecta.

Hábilmente fue entrelazando recuerdos de su infancia, con peticiones, humor, agradecimientos y haciendo mención con nombres y apellidos a muchas de las personas que se ha encontrado por el camino.

Cortejo y homenajes
Con el pregón de Alicia García se llegaba al ecuador del acto principal de las fiestas patronales de Almendralejo. Antes, los tradicionales cortejos a lo largo del pasillo central del parque, adornado con luces y flores blancas.

Una de las novedades este año fue el reunir a unas 25 reinas de otras ediciones, con motivo del 200 aniversario de las Fiestas de la Piedad. Por lo demás, tal y como reclama Alicia, los elementos tradicionales: bodeguero, escenificación de la vendimia, bendición y obtención del primer mosto, y homenajes. En este caso a tres agricultores. El primero, Diego Rastrollo, quien subió al escenario muy emocionado. Los otros dos recogieron el obsequio su familia, pues fueron a título póstumo: José Barrera y Pascasio Donoso.

Una noche en la que, con permiso de la Patrona, la música fue la protagonista, de la mano de la banda municipal, el coro femenino Vox Mullieri, la escuela de baile Abasal, la de ballet y, por supuesto, la rondalla de Tierra de Barros que cerró el acto.

Otra anécdota para apuntar, pero que Alicia vivió desde su primera fila de honor, fue la de la dama de la barriada de San Roque, Olga Piedad Cruz. En varias ocasiones se ausentó de su puesto, porque no se encontraba bien, dejando su silla, a la derecha de la reina, Margarita Ramírez, vacía. Los nervios y el cansancio por el ajetreo de ensayos de los días previos le pasaron factura.