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Cuando mi mente no para

Hay un dicho que me gusta especialmente y que dice: “sólo hace falta que te digan no pienses en elefantes rosas para que te pases toda la tarde revoloteando entre ellos”.
-No pienses en elefantes rosas.
-Por favor, NO pienses en elefantes rosas
-Dime, ¿En qué estás pensando?
-Te resulta muy difícil pensar en otra cosa que no sean elefantes rosas ¿verdad?
No puedes evitarlo!

Esto, que parece una anécdota simpática, puede dejar de serlo cuando lo que nos ocurre es que no podemos parar de pensar y nos vemos envueltos en un círculo vicioso de pensamientos que, además, no son agradables. Los llamamos pensamientos recurrentes y se convierten en rumiaciones cuando no conseguimos calmarlos.

Estos pensamientos son continuos y machacones porque tenemos la necesidad de reflexionar sobre algo que nos preocupa pero, muy lejos de encontrar una solución o acercarnos a la calma, sucede todo lo contrario y, lo que conseguimos, es generar más malestar y aumentar la preocupación. Resultan agotadores y el hecho de darle vueltas y más vueltas hace que magnifiquemos el problema llegando incluso a crear una película muy particular que nada que ver con la realidad. Nos convertimos, entonces, en nuestro peor enemigo porque mientras más pensemos en NO PENSAR, más pensamos en ellos (lo mismo que pasaba con los elefantes rosas).

Esto no ocurre por que sí. Puede que nos encontremos en un momento emocional débil o nos encontremos en una situación complicada.

Cuando esto ocurre, lo primero que hay que hacer es “DARNOS CUENTA”, ser conscientes de que nuestra cabeza es un no parar y que lo que pensamos es negativo. Es normal que pensemos en los problemas, lo que no es saludable es centrarnos en ellos y no en las posibles soluciones. Es el quid.

Para calmar la mente hay algunos trucos que funcionan bien si se hacen con continuidad, por ejemplo:

Escribe lo que piensas como lo piensas. Cuando escribas conseguirás “vaciarte” emocionalmente pero además, te darás cuenta de cómo son esos pensamientos. Escribir tiene un poder mágico y transformador.
Lee lo que has escrito y pregúntate: ¿Por qué pienso así? Detrás de los pensamientos recurrentes y negativos suele haber miedos, inseguridades, baja autoestima, desánimo, cansancio….Intenta identificar qué emoción o estado hay detrás.
-Si se relacionan con una preocupación, mide su temperatura:
-Valora su importancia de 1 a 10 como si fuera un termómetro.
-Ahora cierra los ojos y piensa en lo peor que te puede pasar en la vida y cuando lo tengas claro, vuelve a valorar la preocupación.
-¿Ha bajado la intensidad? Seguro que sí. Eso quiere decir que todo es malo hasta que lo comparamos con algo peor. Todo es relativo.

-Es mejor ocuparse que preocuparse. Un problema tiene muchas soluciones, unas nos gustarán más y otras menos, pero pensar en las distintas alternativas nos alejará de él y seremos más efectivos.
-No te resistas a ellos, ya sabes que produce el efecto contrario, pero cambia el foco de atención realizando una tarea diferente a la que estabas haciendo en ese momento.
Entrenar tu mente en técnicas como la Meditación, el Yoga o el Mindfulness te servirá para ganar autocontrol y aprenderás a focalizar tu atención en otras áreas cuando los pensamientos recurrentes aparezcan.
Soñar despierto es maravilloso, pero dormir es esencial. Es mucho más importante de lo que creemos. El sueño repara y prepara.
-Si sufres y ves que no eres capaz, pide ayuda profesional. No es debilidad, es una decisión saludable.
-Y recuerda siempre que la mejor condición para que los pensamientos recurrentes crezcan es el aislamiento y la soledad. Ocupa tu tiempo y tu espacio con tu gente, disfruta de ellos y comparte.