Inicio Actualidad Desalojan a una familia que ocupaba un piso en Leopoldo Capella

Desalojan a una familia que ocupaba un piso en Leopoldo Capella

Rodika y Jesús en el salón de la casa que han ocupado hasta hoy

Les avisaron hace un mes de que debían abandonar el piso. Hoy ha llegado el día en que los han desalojado. Se trata de una familia de dos jóvenes, Rodika y Jesús, que tienen dos hijos, de dos y cinco años. Hoy no saben dónde dormirán. La vivienda que ocupaban de forma ilegal en la calle Leopoldo Capella, justo en las traseras de los juzgados, está siendo vaciada en estos momentos.

“Nos han dicho sin prisa pero sin pausa”, cuenta Jesús. Allí se encuentran cuatro agentes de la Policía Local, y otros tantos de la Nacional. Por ahora el desalojo está siendo tranquilo. De hecho nada hace notar en las calles de alrededor lo que allí está sucediendo. “No sé por qué vienen primero a por nosotros cuando hemos sido los últimos en llegar y tenemos dos niños chicos”, se pregunta Jesús.

Todo el bloque está ocupado de forma irregular. Son viviendas que en algunas de ellas está el cartel de Servihabitat, la inmobiliaria de la La Caixa. Con ellos aseguran que han ido a hablar, que no se niegan a pagar un alquiler, pero se lo han denegado. “Las quieren vender”, dicen. Rodika nos explica que han llamado a las puertas de todas las personas susceptibles de ayudarles: Ayuntamiento, servicios sociales, juzgados, banco… pero nada.

Mientras, en el rellano del bloque se amontonan cajas, muebles de habitaciones, colchones, hasta una pelota de Pilates. Rodika está visiblemente nerviosa, y emocionada. No saben dónde pasarán la noche. Su madre, de nacionalidad rumana, estaba allí con ellos. Le preguntamos si los acogerá en su casa, por la que paga un alquiler. Responde que tiene siete hijos.

Jesús trabaja días sueltos en una discoteca, su sueldo apenas llega a los 500 euros. Tienen que mantener a dos pequeños, a los que visten y dan de comer. “Prefiero darles de comer a mis hijos que dar mi dinero a los ricos”, exclama el joven.

No duda en enseñarnos su casa, con parqué y algo desordenada motivado por recoger todos sus enseres apresuradamente. “Le he cambiado las puertas, los cables… la vivienda de al lado está destrozada porque entraron y se lo llevaron todo. Con la mía van a hacer los mismo”, se lamenta. Una situación que no entiende.

Y que le da vergüenza. Duda en el momento de hacerse la foto porque reconoce que gente de su entorno no sabe que vivía de ocupa. Ahora ya sí. Es Rodika la que lo convence, cree que dar la cara les ayudará. “Nadie nos va a dar de comer, no me importa lo que piensen, vamos a salir de ésta”, le insiste la joven con lágrimas en los ojos. Su madre piensa lo mismo. Al final accede.

Se agarran con fuerza de la mano y posan en su salón ya vacío. Sólo en el centro algunos ripios. La cocina está aún por recoger. Y tienen ropa tendida en la terraza. Elementos propios de una vida. Allí llevaban un año y dos meses alojados.
¿Qué vais a hacer? “No lo sabemos”, contestan ambos cabizbajos de arriba para abajo. Sin embargo, un amigo que los acompaña responde seguro: “Esta tarde estarán en otra”.