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El honor en los tiempos de Internet

A principios del s. XX todavía se podía leer noticias, en la prensa diaria, sobre cómo se batía la gente en duelo para recuperar el honor perdido. Que alguien vertiera una mera duda en público sobre la opinión dada por otro o sobre su moral, ya era excusa más que suficiente para enfrentarse con armas y así restablecer la honra propia y de su linaje. ¡Anda que no ha cambiado el cuento respecto de la situación actual! Ahora, todos conocemos a personas cercanas que han recibido insultos o menosprecios, para sí o para su familia, por el mero hecho de haber expresado su opinión en una red social. Es más, el problema no es sólo ser diana de una ofensa sino sufrir la posterior difamación, casi inmediata, que conlleva la difusión casi universal que tienen estos comentarios en el mundo virtual.

Los insultos como tal no aparecen como infracción penal, pero si existe algo parecido que es el delito de injurias. Es injuria la acción o expresión que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación (art. 208 CP). Ahora bien, en el año 2015 se reformó el código penal y se despenalizaron las injurias leves (faltas de injurias) salvo para personas vinculadas al núcleo de convivencia familiar. En definitiva, como regla general, para que sea punible penalmente un insulto tiene que constituir una injuria grave y así será castiga con multa. Además, se trata de un delito que tendrá que perseguirse por el perjudicado (no se persigue de oficio) lo que supone poder denunciar los hechos ante la policía pero, después, necesariamente se tendrá que interponer una querella en vía judicial.

¿Qué se entiende por injuria grave? pues el código penal no pone ejemplos y tenemos que acudir a lo que dictan los jueces (la jurisprudencia). Aquí hay pronunciamientos para todos los gustos, sin embargo podemos destacar varias circunstancias que sirve para valorar la gravedad de estas expresiones hirientes. Principalmente tenemos que tener en cuenta la intención de dañar a la víctima de los insultos, también el contexto donde se expresan las injurias (por ejemplo, público o privado), y la publicidad que alcanzan. Esto quiere decir que puedes recibir un insulto sonoramente muy grosero pero no ser injuria porque no te ha causado daño grave (Ej.: a través de una llamada telefónica) o puede darse el caso de ser un insulto aparentemente sutil pero provocar mucho daño (Ej.: insinuar preferencias sexuales en un contexto laboral).

De las tres circunstancias expresadas, la publicidad por medio de la imprenta, la radiodifusión o por cualquier otro medio de eficacia semejante (aquí es donde entra Internet), es la que queda recogida explícitamente en el código penal y, por lo tanto, es la más segura para acreditar la gravedad. En el caso de redes sociales, y a efectos de probar esta difusión, será muy recomendable como primera medida tomar «pantallazos» de los comentarios recibidos, pero lo más adecuado es acudir a una entidad de certificación de contenidos conocidos como testigos online (por ejemplo, https://www.egarante.com/).