Dos voluntarias de "El Roperito" en el local del antiguo Amaya

No por ser una costumbre con fecha fija desde hace décadas, deja de ser noticia que “El Roperito” abre sus puertas para vender los más exquisitos dulces verdaderamente caseros. Bizcochos, pestiños, bollas, magdalenas, flores de miel, perrunillas, bollos de “tosantos”, petisús rellenos de crema que se agotan nada más sacarlos a la venta. Delicias que llevarse al paladar sabiendo, además, que parte de lo recaudado se destina a obras benéficas de Proclade Bética.

“El Roperito” llega al centro dos veces al año, dos semanas antes del 1 de noviembre, y otros quince días en marzo, que suele coincidir antes de Semana Santa, aunque alguna vez, por motivos personales, se ha trasladado a abril. Sólo tienen autorización municipal para instalarse en estas dos fechas, para así no perjudicar al comercio local.

Maribel Arias es la delegada en Almendralejo de Proclade Bética. Cuenta a Almendralejo al día que en esta ocasión el dinero recaudado irá destinado a becas para niños huérfanos de Zimbaue; y para ayuda de los campesinos de El Salvador. Suelen recolectar “limpio” un mínimo de cinco mil euros por campaña. Cajalmendralejo les ayudan aportando una cuantía económica para la compra de ingredientes, y cediendo el local de la calle Real.

Los dulces los elaboran en la casa de Los Padres Claretianos. Por la mañana un grupo, todas mujeres, cocinan los  que precisan de horno, la mayoría; y por la tarde los que son fritos, como las roscas, también muy demandadas. Inician sus labores unos cinco o seis días antes de abrir, y se repone calentito y esponjoso diariamente varias veces. Las voluntarias de “El Roperito” cuentan ya la mayoría entre 60 y 70 años, aunque conformaron este grupo cuando eran jóvenes. Y siguen al pie del cañón, sin faltar a la cita, tanto de la masa como de las ventas.

Junto a lo que llevarse a la boca se ponen a la venta ropa y mantelería hecha a mano. Bordados y rebecas de bebés se mezclan con un olor embaucador en la planta baja del antiguo Amaya. Allí, las voluntarias esperarán hasta el domingo para vender estos bocados de gloria a solidarios y golosos.