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El talento

Según su definición es un valor. Puede ser monetario o inmaterial.

Entre sus definiciones consta como una antigua unidad de peso y moneda utilizada por griegos y romanos para facilitar el comercio. Pero éste no es el objeto del post.

Nos centraremos en esa definición que trata el talento como esa especial aptitud o capacidad intelectual que posee una persona para asimilar las cosas con facilidad o para desarrollar con mucha habilidad una actividad.

“¡Mira mi niño, qué bien….!” – decía mi madre. Pudiera ser un talento, no vamos a negarlo. Al final no lo fue.

Es la primera fase. Distinguir entre habilidad y talento.

Existen muchos tipos de talento.

TALENTOS EVIDENTES. Esos que todo el mundo ve en ti y tú observas en los demás. Lo bien que cantas, dibujas, practicas algún deporte.

Existen también TALENTOS OCULTOS. Esas cosas que realizamos sin ser conscientes de ello y que llaman la atención de quienes nos observan, aunque ni tú mismo los reconoces.

Pero sin duda alguna, los más interesantes pueden llegar a ser los TALENTOS POTENCIALES. ¡Guau! Esos talentos que están en ti, pero que están por descubrir del todo. Esos que aún no has desarrollado. Esos que únicamente dependen de que los trabajes, los potencies y que serán los que te den las mayores de las satisfacciones.

Esos que suponen un encuentro con una parte de ti mismo que te sorprende conocer.

Todos tenemos talentos, ya sean evidentes, ocultos o potenciales. Todos tenemos algo especial con que contribuir y mejorar el entorno que nos rodea. Matemático, musical, social, creativo, físico, intelectual, artístico… Todos los tenemos.

Simplemente hemos de descubrirlos.

No hay labor más gratificante que la de ayudar a descubrirlo orientándolos, escuchándolos, ayudándolos, respetando sus gustos y opiniones, compartiendo nuestros conocimientos, transmitiéndoles ilusión y enseñándoles a poner pasión en todo aquello que se propongan. En definitiva, siendo el mejor de los padres, madres y maestros posibles para ellos.