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Estrés. Tipo y cómo nos afecta (Parte I)

Todos habremos experimentado estrés alguna vez en la vida. Pero, ¿qué es realmente el estrés? Y ¿qué ocurre en nuestro cuerpo? En este post vamos a ver los distintos tipos de estrés y en la segunda parte cómo nos afecta y qué podemos hacer ante ello.

Podemos definirlo como la tensión física y emocional que se produce como respuesta a una presión externa o interna. Es casi imposible vivir sin algún tipo de estrés y, en pequeñas dosis, nos puede resultar estimulante y motivador. Sin embargo, cuando es excesivo o no se controla adecuadamente, puede ocasionarnos problemas de salud.

Cuando estamos sometidos a algún estrés podemos experimentar síntomas físicos como boca seca, problemas para respirar, aumento de la frecuencia cardiaca, malestar estomacal, síndrome del intestino irritable, mareos, dolores de cabeza, palmas de las manos sudorosas, dolor de espalda, tensión muscular que puede causar contracturas y dolor… Y síntomas mentales como tensión, irritabilidad, problemas de concentración, cansancio excesivo, problemas de sueño, preocupación o tristeza.

Podemos encontrarnos con distintos tipos de estrés, para entenderlo mejor podemos ver este vídeo: Hans Selye. Síndrome general de adaptación al estrés

Hans Selye, fisiólogo y médico, estableció una teoría sobre la adaptación al estrés, de tal manera que, un estrés momentáneo provoca unos cambios celulares reversibles pero si el estrés es mantenido en el tiempo esos cambios serán irreversibles. Describió así tres fases: de alarma, de resistencia y de agotamiento. Vamos a ver en qué consisten.

Fase de alarma o estrés agudo
Este tipo de estrés es el que experimentamos con más frecuencia. Puede ocasionarse por sucesos recientes o anticipaciones del futuro próximo.

Por ejemplo, un día con una apretada agenda laboral, el fallo de nuestro coche, un atasco al ir al trabajo, etc. En pequeñas cantidades este estrés puede ser excitante pero si es excesivo resulta agotador.

Ante la percepción de esta situación de estrés se generan unas alteraciones fisiológicas y psicológicas, se rompe el equilibrio y se activan los mecanismos de regulación de la homeostasis.

Fase de resistencia o estrés agudo episódico
Lo padecen las personas que sufren estrés agudo con frecuencia. Suelen ser personas con demasiadas tareas por hacer, siempre tienen prisa, pero siempre llegan tarde y sus vidas resultan desordenadas y a veces caóticas. Normalmente son irritables, ansiosas y tensas y se describen a sí mismas como nerviosas. El trabajo suele convertirse en algo muy estresante para ellas.

En casos extremos de estrés agudo episódico se convierten en personas muy impacientes, competitivas y hasta agresivas. Esta personalidad propicia numerosos episodios de estrés agudo y tienen más probabilidades que otras personas de desarrollar problemas cardíacos.

Otra forma de estrés agudo episódico sería la que procede de una preocupación excesiva por todo, son personas que constantemente están pensando en las cosas malas que podrían pasarles a ellos o a sus seres queridos y ven amenazas por todas partes. Suelen estar tensos, ansiosos y tienen más tendencia a deprimirse.

En esta fase todos los sistemas se encuentran en alerta para resistir los cambios que provoca el agente estresor.

Fase de agotamiento o estrés crónico
Se produce cuando una persona mantiene durante mucho tiempo una situación estresante, como sería en casos de violencia doméstica, situación de pobreza, o sentirse atrapado en un trabajo que la persona desprecia.

El estrés crónico se produce cuando una persona no encuentra el modo de salir de una situación desagradable, llegando al punto de dejar de buscar soluciones y rendirse.

A veces el estrés crónico puede proceder de hechos traumáticos sucedidos en la infancia que una persona arrastra sin resolver hasta la edad adulta. Se debe a que se ha creado una visión del mundo, unas creencias, que ocasionan un estrés continuado.

Lo peor del estrés crónico es que la gente se acostumbra a él, de tal forma que lo encuentran familiar y se sienten desconcertados en una situación no estresante.

La persona puede llegar a sufrir un agotamiento de sus capacidades físicas y psicológicas.

En este caso, la fase de resistencia no ha sido capaz de adaptarse, por tanto, el organismo no tiene posibilidades de recuperarse y se hace inminente el desgaste de órganos y sistemas.

Si te has sentido identificado con alguno de estos tipos en el próximo post veremos algunas pautas para poder enfrentarnos al estrés diario.