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Hablando de…

Me gusta el cine, pasear, el olor a verano y disfrutar del sol.

Me gusta escribir, sentir, aunque a veces sea tristeza y mis recuerdos estén llenos de nostalgia.

Siento alegría con razones o sin ellas; a veces, simplemente, mi ánimo cambia al escuchar una canción o mirar la foto de la mesa.

Me siento apenada cuando leo noticias amargas o afronto el día con poco humor por haber pasado una mala noche.

Porque todo sentir pertenece a la vida y “a las cosas de la vida”, y éstas no son siempre agradables pero las tenemos que vivir, afrontar y  gestionar de la mejor manera que sabemos, podemos o nos dejen.

Con Divina-mente quiero hablar de salud mental desde la salud y no desde la enfermedad, porque si cuidamos y prestamos atención a cómo nos sentimos, podremos sentir bien y pensar mejor. Todo ello forma parte del divino y extraordinario funcionamiento de la mente.

Si somos capaces de localizar dónde nos duele, cuando nos duele el alma, ya habremos dado dos grandes pasos:

  1. Reconocer que el dolor no sólo es físico y
  2. poder pensar en el motivo de nuestro malestar emocional.

Y a la vez, cuando nos encontramos “divinamente” nuestra fuerza personal es la garantía de nuestro bienestar y es que el bienestar, al fin y al cabo, es salud mental.