Alicia García Rubiales ante el Santuario de La Piedad. Foto cedida por Jose Velardiez

Hoy charlamos, para conocer de cerca, con Alicia García Rubiales, pregonera de las Fiestas de la Piedad y Feria de la Vendimia

Una característica indudable de Alicia García Rubiales (Almendralejo, 1955) es su locuacidad. Ella habla y habla. De casi cualquier tema. Pero fundamentalmente de aspectos relacionados con Almendralejo. Con la ciudad que fue hace 30 años. De sus recuerdos. De la gente que conoce y conoció gracias al baile, a su trabajo, a su familia y amigos.

Que trabaja en Includes, o que es una de las socias fundadoras de la asociación cultural y folclórica Tierra de barros es lo más conocido de ella. Esto último es tal vez uno de los motivos que le ha llevado al Ayuntamiento a elegirla como pregonera de las fiestas. Además de por su carácter, como apuntó el alcalde, José García Lobato. Vamos a intentar conocerla de cerca.

Otras de sus pasiones, confiesa, son los animales. Convive con tres gatos Lía, Tristán y Leo, y un perro, Évora. Todos adoptados. En nuestra visita a su casa no para de acariciarlos y de repetir lo bonitos y cariñosos que son para ellas. Su vivienda la comparte ahora con su hija, desde que hace un año falleciera su madre. De profesión peluquera. Su padre, maestro. Ella es la pequeña de cuatro hermanos, y tiene una hija que comparte nombre con ella, Alicia, además de un gran parecido físico y el amor por el baile regional.

-En su presentación dijo que hay gente que se piensa que trabaja en “los coros y danzas”.
-Sí, pero yo sólo he trabajado en momentos puntuales con la Junta de Extremadura cuando se firmó un convenio con la federación. Íbamos por los municipios a enseñarles a los diferentes centros que se han creado.

Alicia García Rubiales. Foto cedida por Jose Velardiez

-¿Dónde aprendió usted?
-Con mi hermana Viti bailé por primera vez, en la recién creada sección delegada mixta, lo que ahora es el instituto Carolina Coronado.

En estos momentos recuerda que hasta allí llegó procedente del colegio San Roque, en donde su padre ejercía como maestro. Y cómo ha cambiado la zona. Cómo llegaba al centro atravesando el riachuelo que cruzaba la avenida, o jugaba en los trigales que hoy ocupan bares.

-¿Cómo es Alicia de puertas para adentro?
-En casa suelo ser muy gruñona. En mi trabajo me gustan las cosas rectas, y con mi hija igual. Es hija única y podía ser una mal criada, pero no…

Nos interrumpe Lía, una de las gatas, y nos cuenta que es “la tigresa”. Que llegó a su casa de la mano de su hija y Recal tras el fallecimiento de un gato anterior. Al principio tuvo recelo, pero finalmente se encariñó con ella.

-Me hablaba de su trabajo y de que es muy recta…
-Sí, me gusta que las cosas vayan a tiempo y tenerlo todo para antes de que me lo pidan.

Alicia García Rubiales. Foto cedida por Jose Velardiez

-¿Cómo llegó a trabajar en Includes?
-Yo hice Magisterio y tuve una guardería de mi propiedad. El tema de la Logopedia me ha gustado siempre mucho e hice la especialidad por la UNED, con los mejores profesores hoy a nivel internacional. Oposité y cogí plaza de interina en Villanueva de la Serena, Mérida… Así que cuando me propusieron trabajar en Includes, tenía a mi hija, y no me lo pensé.

-¿Qué le aportan los usuarios de Includes?
-Todo. Yo comencé en atención temprana, ahora estoy en el centro de día, con chavales que tienen más de un 60 por ciento de discapacidad. Intentamos sacar de sus capacidades, sabiendo que no van a avanzar, pero sí enlenteciendo el tiempo de vejez. Ellos son lo más bonito que tengo. Es increíble que te paguen por hacer algo que te gusta tanto. Tengo la gran suerte de hacer dos cosas que me encantan, que son mi vida entera: mi trabajo y los bailes.

“Tengo la gran suerte de hacer dos cosas que son mi vida entera: mi trabajo y los bailes”

-¿Por qué cree que han pensado en usted para el pregón?
-Algún día me tenía que tocar. El “run-run” estaba ahí. Yo he vivido con mucha intensidad siempre las fiestas.

-¿Por qué le gustan tanto?
-Para mí pensar que yo no voy a estar el día 14 en el acto central es como si hiciera algo malo. Es una obligación que me auto impuesto para toda la vida. Y sé el por qué. He vivido esa experiencia desde dentro desde el primer momento con todas las personas que han ido pasando. Yo misma he creado un lazo con el entronque de la feria de la Vendimia que yo mismo lo he ido engrandeciendo, y la fiesta también. Lo que no puede perder nunca es la esencia.

-Ahí quería yo llegar. ¿Cambiaría algo?
-El acto central es un acto institucional que, para mí, tiene que ser como es. Cuando empezó era de día, a las 12 del mediodía. Julio Luengo con su traje de chaqueta y mis compañeras y yo con los refajos de lana. No pasa nada. Lo que hay, está. Y depende de quién lo dirija le va dando una pincelada, pero sin salirse del acto.

Recuerda también que había una gala en el teatro Carolina Coronado en donde se elegía a la  flor natural y el mantenedor de la Fiesta de la Vendimia. “Por aquí ha pasado lo mejor de lo mejor”, sentencia.

Se levanta y trae un álbum relleno con recortes de prensa y fotografías de todas y cada una de las Fiestas de la Vendimia. Hasta una caja de cerillas rubricada con la fecha: 8-9-10 septiembre de 1972, la primera vez. Y una foto de la que enumera uno por uno a las personas que figuran en ella, entre todas destaca Primitivo Rojas.

“El acto central es un acto institucional que, para mí, tiene que ser como es”

-¿Ha empezado a escribir ya el pregón?
-Pinceladas. Voy anotando cositas. Yo quiero hablar sobre mis anécdotas, la fiesta, mi casa, mi gente… yo soy muy almendralejense.

-Si no hubiera vivido aquí, ¿dónde le hubiera gustado?
-En Extremadura, en el norte, por la zona de Gata.

Bailes
-¿Qué lugar de los que ha visitado le ha llamado más la atención?
-Quizá, por la diferencia de cultura, me impactó Alemania, cuando fuimos a Neckartailfingen. Ahora somos realmente hermanos. Vienen a nuestras casas y nosotros allí. No sólo los grupos, hemos ido a celebraciones familiares a nivel particular, a bodas, de vacaciones…

-Ha bailado en muchos escenarios, ¿con cuál se queda?
-He actuado en los mejores festivales del mundo, pero ninguno como la Fiesta de la Vendimia. Las luces, el atrio, ver entrar a la Virgen de la Piedad… es emocionante. Estoy muy orgullosa.

Alicia García Rubiales en el parque de La Piedad. Foto cedida por Jose Velardiez

-Usted posa en una de fotografía de una colección titulada “Paisanos” de la fotógrafa Elena Cajal, ¿se considera un personaje de la ciudad?
-Sí. Me conoce todo el mundo de todas las edades. Imagínate la de niños que han pasado por mis manos en la guardería que ahora tienen unos 40 años.

-Aparte de los bailes que ya lo ha hecho, ¿qué le gustaría que su hija heredara de usted?
-Ya lo ha heredado. Ella tiene un estar que me recuerda a mí. Cuando era pequeña era más arisca, sin embargo yo la he ido haciendo a la calle. A mí me gusta eso de que la gente salude por la calle, sonría y se pare contigo.