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Huevo cocido

A veces, cuando me hago un huevo cocido, pienso “a ver si tengo suerte y se queda la yema blandita”. Sin embargo, como tengo la mala costumbre de enfrentarme a la cocina con mis ojos de “buena cubera”, me suele dar miedo que se quede también la clara cruda, cosa que no me agrada tanto, así que apuro el tiempo, un poquito más por si…, un poquito más por si…, hasta que me queda un huevo bien bien cocido, con una yema perfecta, dura y…, pastosa.

No suelo tener suerte.

No digo que los huevos bien cocidos no estén buenos. Al revés, porque los huevos, como las patatas son dos que siempre quedan bien. Sin embargo, a mi la yema blandita, suave, casi líquida me gusta. Puedo comerme la yema de un huevo frito con la mala-gustosa costumbre de sorber en un solo impulso (a veces he pensado en coger una pajita). Así que, cuando abro mi huevo cocido me suelo decepcionar. De hecho, cuando alguien a mi lado se queja de que su yema se quedó blanda… pueden imaginar… “¡pero si eso es lo más rico!” Como cuando delante de tu padre le quitas lo blanco al jamón bueno, o lo pasado de los plátanos, o dejas las cabezas de las gambas…

¡Pero si es lo más rico! Como si tuviera que haber gustos universales. ¿Y para qué se inventaron entonces los colores

Pareciera que debo encomendar mi huevo a la suerte para disfrutar cien por cien de un huevo. Pareciera que la suerte, este ente que a algunas les toca y a otros les pasa de largo, debería estar para que mi huevo se quedara al punto. Como cuando mi tía se encomendaba al Sagrado Corazón de Jesús para enhebrar su aguja. ¿No tendría nada mejor que hacer ese corazón?, pensaba yo.

Qué cosa extraña lo de la suerte.

Sé perfectamente cómo me gusta el huevo. Sé que son tres minutos para hacer un huevo pasado por agua (nombre científico del huevo con la yema blandita). Sé que me da gustito cuando la suerte me regala una yema para comer con cuchara…. Todo, entonces, podría ser más fácil. Coger un reloj y “san se acabó”.

Sin embargo, sé que perdería algo. Como lo que hemos perdido con la fotografía digital. Se echa de menos el tiempo de revelar un carrete y las sorpresas, y frustraciones, de los resultados.

Quizás sí, si cuento el tiempo me aseguro de que mi yema será siempre como yo quiera. Estará en su punto justo. Pero me habré perdido esas veces que me salió la yema un punto antes de ponerse dura del todo, o un punto antes, del punto antes de ponerse dura…

Quizás mis huevos no sean cocidos ni pasados por agua… pero son míos.