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Intención, decisión, escuela

Había una vez cierta persona que en su deseo de ser alguien importante y hacer algo grande, estaba tan empeñado en coger carrerilla que no se daba cuenta de que no avanzaba sino que retrocedía…

Así podrían empezar muchos de los cuentos e historias que suceden en nuestros días. “Cuentos chinos” que utilizamos como excusa para no materializar todas nuestras “buenas intenciones”.

¡Mmmm!,  intenciones.

Pero, ¿qué supone la intención?

La  INTENCIÓN es ese maravilloso, a la vez que peligroso, estado vital en el que vivimos siempre que evitamos comprometernos con algo.

En nuestra intención cabe todo; el atrevimiento, la valentía, la osadía, la locura, el deseo… pero a su vez puede ser el estado más vacío que exista. La intención es vana, efímera e improductiva. Admite cuanto podamos imaginar, pero es nada si no va acompañada de decisión y no se materializa.

¡He ahí! La “chicha” del asunto está en la DECISIÓN.

La decisión: ese paso adelante que hemos de dar para que comience cualquier camino y veamos que esa locura, deseo u osadía son la forma que tenemos de escribir nuestro propio destino. Resulta difícil asumirla. Sí. Mucho. Sobre todo por cuanto presupone de  esfuerzo, trabajo, compromiso, sacrificio… Pero es mágica la sensación que produce cuando empiezan a florecer los resultados de llevarla a cabo con todos sus preceptos.

La Escuela y la Educación nos ofrecen una inigualable forma de materializar ambas, pues,  bien entendidas,  tienen mucho de entrega, interés, pasión o locura y muy poco de  improvisación, azar, arbitrariedad o mesura.

Todos los hechos importantes de cada una de nuestras pequeñas historias parten de esa pizca locura y vehemencia que hemos de poner en todo lo que pretendamos hacer, de esa decisión firme, constante y comprometida.

Sopesar, sí. Pero finalmente, lo que hace cambiar la pequeña parcela del mundo en la que nos movemos es gente decidida, comprometida, apasionada y con ese punto de locura, que a pesar de los mil y un errores que cometemos en el día a día, está dispuesta a avanzar, arriesgarse innovar, atreverse y mirar atrás simplemente para recordar lo importante del camino, o poner en valor lo recorrido.

Por tanto, ¿el mejor lugar para los “decididos”?, ¿para atrevernos a innovar y dar forma a esas  pequeñas locuras?

Sin lugar a dudas: la escuela. Ese es el laboratorio infinito en el que crecer, experimentar, trabajar y soñar. Lo tiene todo y no existe un lugar igual. No existe un lugar más puro. Posee los mejores mimbres, el mejor de los momentos y es donde comienzan a forjarse los sueños y destinos

Sirva este segundo post como prueba del intento de predicar con el ejemplo.

Escribo esta reflexión  personal en el vuelo que nos lleva de regreso de esas maravillosas locuras que empezamos hace tiempo para alumnos, familias y maestros de Montero. Erasmus+ lleva por nombre y nos ha permitido durante esta pasada semana a maestros y alumnos de cuarto y tercero de primaria  compartir aventuras, educación y vivencias con compañeros de distintos lugares de Europa en un lugar increíble por Navidad, Polonia. Todo ello ha sucedido simplemente porque tuvimos la intención de hacer algo así y nos decidimos a hacerlo.

Brindemos porque la escuela, el mundo y la vida se llenen, más que de buenas intenciones, de gente decidida.

Esa es mi decisión, mi intención y mi deseo.