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Juventud, divino tesoro

El 10 de octubre se celebró a nivel mundial el Día de la Salud Mental dedicado, este año, a niños y jóvenes; en España se ha conmemorado bajo el lema “Educación inclusiva, salud mental positiva” con el fin de reivindicar una educación que apueste por la atención a la diversidad. Desde el movimiento asociativo Feafes, se han organizado multitud de actos, actividades y campañas de información, sensibilización y promoción. Extremadura también tuvo su Día Regional con Feafes Extremadura y su celebración local con Adafema en Almendralejo.

Miren, hablar de salud mental no implica necesariamente hablar de trastornos; hablar de salud mental implica concienciarnos cada vez más de la necesidad de tener hábitos y estilos de vida saludables para prevenir el malestar y el sufrimiento psicológico.

En la infancia y en la adolescencia es imprescindible tratar estas cuestiones en el seno familiar como padres responsables del bienestar de los hijos/as, y también desde la escuela y centros educativos como agentes de su formación, porque hay datos que son tan alarmantes como desconocidos, y es el desconocimiento el que sitúa a nuestros jóvenes en una posición de vulnerabilidad e indefensión. Atentos/as a las siguientes estadísticas que nos revelan numerosas investigaciones (y me dejo más en el tintero):

– El 50% de los problemas de salud mental comienzan antes de los 15 años y el 75% antes de los 18 años.
– El 10% de los estudiantes de 6 a 11 años tienen problemas de salud mental que requieren atención médica, es decir, en todas las clases de primaria hay una media de 2 a 3 niños con algún problema de salud mental.
-Aproximadamente 2 millones de jóvenes en España de 15 a 29 años (30%) han sufrido síntomas de trastorno mental en el último año y es muy preocupante que sólo la mitad haya solicitado ayuda. El 21% presentó sintomatología depresiva.
-Hay un aumento del 43% en el TDAH.
-En numerosas ocasiones los trastornos mentales infantojuveniles se consideran problemas de carácter y/o educación provocando gran sentimiento de culpa en los padres. Estas circunstancias impiden el inicio de una atención adecuada.

¿Qué factores existen detrás de estos datos?
Bajo mi consideración, los fundamentales son:

Reprimimos más que sentimos: nos hemos acostumbrado a reprimir más que a sentir y así lo trasmitimos a nuestros menores y adolescentes. “Llorar es de débiles”, “ante la adversidad hay que ser fuertes”, “el miedo es de cobardes”, “sentir tristeza no es bueno”… Impedimos la frustración sobreprotegiendo, nos convertimos en padres permisivos incapaces de negarles ningún capricho o nos hacemos tan imprescindibles para ellos que no pueden dar un paso sin nosotros. Pero, ¿nos paramos a pensar en las consecuencias de todo esto?

-Y es que el corazón no es virtual: el impacto de las nuevas tecnologías es tremendo. Por un lado nos ofrecen nuevas posibilidades de establecer relaciones pero por otro, hacen del mundo emocional un mundo artificial, frío, inconsistente; damos un abrazo con un emoticono y nos impedimos sentir el calor, la ternura, el confort, la seguridad. Dejamos de compartir miradas, expresiones, contactos y se nos enfría la piel negándonos esas sensaciones que nos humanizan y nos hacen especiales.

Pocas oportunidades: existe un marcado desequilibrio entre las exigencias del entorno frente a las escasas oportunidades que ofrece: falta de trabajo o trabajos precarios para jóvenes muy formados, exigencias en competencias curriculares cada vez mayores, competitividad, sustitución del tiempo libre por súper tareas y actividades….Olvidamos disfrutar, aburrirnos, no hacer, pensar, permitirnos y ese frenetismo normalizado lo volcamos en los hijos/as que aprenden a correr antes que a andar.

-Y es que nuestros jóvenes también son protagonistas de un entorno, a veces, hostil: frente al bullying, cibrebullying, violencia machista, culto a la imagen, discriminación sexual, adicciones con consumo y nuevas adicciones sin consumo como las casas de apuestas y el juego online, el poder del grupo..

¿Reconocemos y validamos sus esfuerzos para mantenerse ajenos? ¿Les dotamos de estrategias y herramientas? ¿Reforzamos su autoestima? ¿Les admiramos? ¿Les dedicamos espacios y momentos donde puedan comunicarse? ¿Buscamos sanar sus miedos e inseguridades igual que su fiebre o su gripe acudiendo a profesionales?

-Porque son sensibles y vulnerables y para aprender sobre la vida no tienen que sufrir. Es muy importante trabajar con ellos/as para que desarrollen la capacidad de prevenir, resistir y sobreponerse a circunstancias adversas.

Pues sí, hablar de salud mental es imprescindible. Conocer las implicaciones que esta realidad cambiante tiene para la salud mental de nuestros/as niños/as y jóvenes es fundamental. Os invito a la reflexión. La vida se presenta complicada en apariencia pero en el fondo es mucho más sencilla, más fácil. Sólo es cuestión de conocer, de abrir las mentes y hablar con naturalidad de salud mental, sin miedos, sin prejuicios, sin tabús. Dotar a nuestros/as jóvenes de habilidades emocionales y estrategias adecuadas es anticiparse y prevenir, es gritar a pleno pulmón que nuestra juventud es nuestro más preciado tesoro.

Pero, ¿cómo hacerlo? ¿De qué manera?. Para seguir hablado de ello, os reemplazo a la próxima entrada del Blog “Divinamente”.
¡Buen día!