El club de gimnasia rítmica en el pabellón San Roque

Si se pudiera incrustar una marca de agua en este reportaje sería con la palabra disciplina. También sacrificio. Espíritu competitivo. Esfuerzo. Y recompensa. Son los adjetivos que definen al club de gimnasia rítmica de Almendralejo. Más cuando tres de sus integrantes, Irene Martínez, Marta Álvarez y Raquel Gil han ascendido a la primera división de la liga nacional de este deporte. Donde se medirán con las mejores gimnastas del país y plantarán cara a fichajes internacionales con la garra de la cantera local. Son el único club a nivel regional que lo ha conseguido.

Ellas no han tenido puente. El viernes por la mañana quedamos para hablar con ellas y su entrenadora (y alma del club) Marta Calamonte. Son las diez de la mañana. Ya están calentando en el pabellón San Roque. Hace frío. El día se ha despertado nublado y con temperaturas un tanto desagradables que contrastan con el sol del día anterior. Pero pronto empiezan a deshacerse de las sudaderas y con los primeros estiramientos ya lucen su maillot. Todas iguales. Impecablemente peinadas.

Marta señala que desde pequeñas “están acostumbradas a mucho sacrificio, entrenamiento de muchas horas, viajes los fines de semana”, porque si algo tiene claro, e intenta transmitirles, es que la vida profesional de las gimnastas es corta. “Yo digo que se retiran en su mejor momento”, opina Calamonte. Una entrenadora que imprime su carácter competitivo, poniéndose en su lugar, conociéndolas y motivándolas como necesita cada una.

Imagen de Irene, Marta y Raquel en su ascenso a primera división

Raquel no ha asistido en el entreno porque ha sido cedida a un club de Valencia. Marta e Irene sí están. Tienen 14 y 12 años. A pesar de su corta edad, llevan diez años saboreando las mieles de este deporte. Estudian en el Ruta de la Plata y el IES Arroyo Harnina. Una quiere ser matemática, la otra algo relacionado con la salud, como fisioterapeúta. Pero ahora disfrutan de su momento. Están felices e ilusionadas por lo que han conseguido, y lo comparten con el resto del club. Irene asegura que la gimnasia le ha ayudado a organizar mejor su tiempo, y a no descuidar ningún aspecto de su vida adolescente. Lo que más les gusta de la gimnasia rítmica es la competición. En esta última donde fueron clasificadas “íbamos tranquilas porque habíamos hecho nuestro trabajo. Sólo íbamos a mostrarlo”, confiesa. Así se consiguen las metas.

“Son niñas muy disciplinadas, responsables y muy buenas estudiantes. Tienen mucho mérito. Estoy muy agradecida a ellas, a los padres, al equipo técnico y contenta por conseguir los retos”, les alaba la entrenadora. Ninguna piensa aún en dejarlo. Están decididas a agotar hasta el último año que les permitan. “Al fin y al cabo es como una vida”, subraya Irene. Ambas son reconocidas entre su grupo de amigos y en sus centros educativos.

Desde la antera
El club  de competición, fundado en 2011, lo forman 15 chicas de entre 6 y 14 años que han salido de la escuela municipal de gimnasia rítmica, en la que entrenan de lunes a jueves más de 150 chicas. Y Alberto. Uno de sus entrenadores que apoya a Marta Calamonte. Él se enamoró de esta disciplina a través de la televisión. Buscó, pero no había nada en Almendralejo. “A las pocas semanas volví a buscar y encontré un cartel de la escuela”, cuenta el gimnasta de 20 años. Casi por arte de magia empezó en esto a los 13 años, casi tardío por la corta vida de este deporte. Pero muy ilusionado. Compitió y posteriormente se formó como entrenador.

Él junto a Marta preparan los entrenamientos diarios de cuatro horas. El trabajo off de record silencioso se suma a las largas horas con las chicas. Pero siempre tienen una sonrisa en la boca. Una extraña sensación de enamoramiento con este deporte por el que no le importan sacrificar quedadas con los amigos u otros momentos de ocio propios de la infancia y la adolescencia. Saben que es así. Marta calibra ahora la llamada conciliación familiar. Tiene dos hijos, el pequeño nació este año.

Marta e Irene en el entreno del pasado viernes

Marta también alaba la implicación de los padres. Ellos son quienes las llevan, las traen, las acompañan, las cuidan y miran por su alimentación. “Ellas no están en ningún centro, viven en sus casa”, apostilla la gimnastas extremeña.

Un club modesto, el de Almendralejo, que se codea con las estrellas al máximo nivel. Sin embargo Calamonte reconoce que tienen que hacer verdaderos esfuerzos para poder costearse los viajes. “Esperamos que la final en diciembre sea más cerca”. Se refiere a que el campeonato en el que fueron clasificadas para la liga oro tuvo lugar en Palma de Mallorca. El club no soportaría poder hacerse cargo de nuevo de billetes de avión y estancias. A pesar de que ellas sí pueden decir que consiguen resultados, que ellas sí pertenecen a la primera división. Son un deporte alabado, pero minoritario. Las subvenciones y ayudas se destinan siempre a los más multitudinarios. También se queja del espacio que ocupan en los medios de comunicación. Le reconocemos nuestro error.