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La ignorancia no es excusa

Siempre que nos enfrentemos a una cuestión de papeles, a un problema entre vecinos o al requerimiento de una administración, debemos recordar que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. En otras palabras, no podemos alegar desconocimiento sobre el alcance de nuestras acciones o de una decisión para luego evitar sus consecuencias jurídicas, económicas o, incluso, personales —como es el caso extremo de la privación de libertad—.

Esto que parece tan fácil de comprender es, en ocasiones, muy complicado de practicar correctamente porque todas las personas, físicas y jurídicas, estamos sujetas a un montón de normas y reglamentos. A diario interaccionamos con pluralidad de reglas: de tráfico, de propiedad horizontal, de familia, de contratos, de consumidores, de tributos y muchas más. Una realidad compleja donde, sobre una misma materia, intervienen infinidad de organismos locales, regionales, nacionales e, incluso, internacionales. Nadie, ni siquiera el propio legislador, conoce a la perfección este conjunto de normas pues su volumen es altísimo, es heterogéneo y está en continuo cambio. Queda claro que la solución no está en conocer todo el ordenamiento.

De entrada, esta exigencia parece una pesada carga, pero no lo es siempre que tengamos en cuenta un par de premisas. En primer lugar, la advertencia sobre la ignorancia no debe entenderse como una imposición sino como una llamada a la prudencia. Así, ofrecemos un punto de partida sencillo: todas y cada una de nuestras decisiones tienen consecuencias jurídicas, especialmente las que afectan a otras personas (una hipoteca, un alquiler, la ejecución de una obra, una compraventa, un divorcio, la apertura de un negocio, …). Por lo tanto, si desconocemos el alcance de estas decisiones, antes de dar cualquier paso será aconsejable consultar a un especialista (abogado, Asociación de consumidores, Colegio Profesional, ONG o similar). Paradójicamente, solemos acudir a estos profesionales cuando ya tenemos el problema y olvidamos que pueden ser mucho más útiles como asesores que como defensores. Conclusión, es más sencillo y más barato consultar.

La segunda de las premisas es que no estamos ante un límite o ante un castigo, sino ante una garantía. Todas las partes, pero sobre todo quienes son destinatarios de las decisiones de los demás, tienen la seguridad de que las consecuencias son las que son y no otras. De este modo, también debemos aconsejarnos y estar pendientes cuando prevemos que nos afectarán las acciones o los acuerdos a los que lleguen otros (por ejemplo: un accidente, una denuncia, una modificación de contrato, la publicación de un edicto, una convocatoria).

Con todo esto no queremos asustar. Sirva esta primera entrada en el blog para expresar nuestro único propósito: ofrecer consejo jurídico concreto ante las situaciones más diversas de nuestra vida cotidiana. Al menos, un primer acercamiento al problema, a la burocracia. Queremos dar soluciones, quitar el miedo a los papeles, aclarar la retórica jurídica, y romper mitos sobre el Derecho y su aplicación. Estamos a vuestro servicio desde ahora.