Hace nueve meses que Almendralejo cuenta con un comedor social, promovido por la asociación Progreso Inmigrante, de la iglesia Evangélica de Filadelfia. Está situado en la calle Velázquez, en la barriada de Las Mercedes, y actualmente atiende a media docena de personas. “Comenzamos con unas 12 ó 14, pero algunas han encontrado un trabajo”, cuenta el presidente de la asociación y pastor evangélico, Antonio Salazar.

La asociación trabaja en la ciudad con personas desfavorecidas y en riesgo de exclusión hace diez años, desde el 2009. Comenzaron con un banco de alimentos y un ropero público, para atender las necesidades básicas. De hecho, trabajan en colaboración con los Servicios Sociales, y entregan semanalmente, cada martes, una bolsa de comida a unas catorce familias. Pero la idea del comedor siempre rondó por sus cabezas. El empujón vino “de la mano de Dios”, asegura Salazar. Cerró uno en Badajoz, y toda la infraestructura necesaria para la cocina, lo más costoso, se lo cedieron a Progreso Inmigrante. Casi dos años tardaron en acondicionar el local que, hoy, abre de lunes a viernes para el almuerzo. Es el único de la capital de Tierra de Barros tras cerrarse, hace muchos años, el del cura Jesús Núñez Mancera.

Sirven todo tipo de menús, con un primer y segundo plato y postre. Les ayudan desde Cruz Roja, Ayuntamiento, Diputación de Badajoz y Carrefour, que les aporta algunos excedentes que ya no ponen al público o antes de estropearse. Desde lentejas, arroz, garbanzos, ternera, palitos de merluza, ensaladas, tortillas de acelgas y fruta de temporada. Una comida completa para personas de todas las edades, tanto hombres como mujeres. También transeúntes. Personas desempleadas o con enfermas y con problemas de adicciones.

Vergüenza
Salazar comenta que algunos han dejado de ir cuando se ha enterado la familia que utilizaba este servicio. Otros por vergüenza. “Una madre se lleva la comida a casa para su hijo de 18 años”, desvela el voluntario. Uno de sus deseos es que todas las personas que tengan necesidad acudan a ellos. “Si a nosotros nos piden que les demos de comer, nosotros damos de comer”. No piden nada. Sólo el DNI. No preguntan nada. Por el contrario ofrecen conversación y algo de compañía para quien se sienta solo o necesite ser escuchado. Un alimento también para el espíritu.

Comida y cocina al fondo del comedor

En el comedor social “Betel” trabajan alrededor de medio centenar de voluntarios. Divididos en turnos. Unos hacen de comer a primera hora. Otros sirven a los comensales entre la una y las dos. El lugar es austero. Unas mesas, unas sillas y la cocina. Ahora lo han aclimatado con varias máquinas para paliar el frío invierno y el caluroso verano.

Antonio Salazar reconoce que hay muchas personas que tal vez no conozcan su labor en Almendralejo, aunque forman una comunidad de más de 100 personas. En Extremadura existen 35 iglesias evangélicas. El presidente de la asociación se ha asombrado porque durante la época de recolección y de temporeros de nacionalidad rumana, estos no han hecho uso del comedor, como se podría esperar y para quienes estaba enfocado en un primer momento.

“Estamos presentes en muchos actos destacados”, dice, como el día de la Familia o la cabalgata de los Reyes Magos, tanto en la de este año, como en la que se celebrará en unos días. Su misión es llevar el mensaje de Cristo, difundir su palabra. Que la Biblia se lea y cada uno la aplique en su día a día.

Por eso, como Jesús estuvo al lado de los más desfavorecidos, ellos consideran que es su deber hacerlo igual aquí. De cara al próximo año, o a largo plazo, quieren poner en marcha un albergue. Salazar cuenta que desde la asociación tuvieron conversaciones con la concejala de Asuntos Sociales, Arancha Jiménez, para ubicarlo en los altos de los servicios del parque de la Piedad. Pero reconoce que es un asunto que en estos momentos está parado.