Inicio Blog Las notificaciones, mejor recójalas

Las notificaciones, mejor recójalas

Toca hoy desmontar una de las leyendas urbanas más extendidas entre nosotros, que de tanto repetirla se ha vuelto una práctica habitual y, lo que es más arriesgado, una táctica que nos perjudica. Nos referimos a la costumbre de rechazar sistemáticamente las notificaciones que recibimos de las administraciones públicas, ya sea haciendo caso omiso a los avisos del servicio de correos, ya sea no firmando las cartas certificadas, ya sea con mil y una excusa. Todos hemos escuchado algo parecido a: «no se te ocurra firmar ninguna carta». En el top ten de notificaciones rehusadas encontramos las del Ayuntamiento, las de Hacienda y las de Tráfico, y siempre, especialmente, las cartas que están relacionadas con procedimientos sancionadores o tributarios, en cualquiera de sus muchas variantes administrativas.

Quizás cuando la Administración no tenía recursos, se conseguía ganar algo de tiempo y, con un poco de suerte, caducaba el procedimiento sin una resolución, prescribía la infracción o, incluso, se agotaba el plazo para liquidar un tributo. Al respecto, considero que nunca fue una práctica acertada, por la sencilla razón de que el conocimiento es poder y, contrario sensu, el desconocimiento nos colocaba en una posición de indefensión. Sin embargo, debemos reconocer que en algunos supuestos concretos funcionaba, por ejemplo, con la liquidación del Impuesto de Sucesiones.

Ahora es una pericia que únicamente nos puede perjudicar, pues las administraciones públicas disponen de medios suficientes para terminar los procedimientos en tiempo sorteando nuestro juego del escondite. Aunque tarde, nuestros servidores públicos han encontrado en la era tecnológica un aliado, y hacen uso de la inmediatez que permite Internet con herramientas como el Tablón Edictal Único del Boletín Oficial del Estado o el Tablón Edictal de Sanciones de Tráfico (TESTRA). Además, se comunican online, cruzan datos y, mediante los oportunos convenios con la Agencia Tributaria, pueden ejecutar el cobro de una multa con bastante agilidad o iniciar de oficio la liquidación de un impuesto.

Es verdad que existen todavía algunos resquicios —los contaremos en próximos artículos—, pero cada vez son más estrechos y arriesgados. En conclusión, lo más acertado es recoger las notificaciones, abrirlas, anotar la fecha en la que se han recibo (que suele ser distinta a la fecha del documento), y presentar las oportunas alegaciones o recursos. De lo contrario, si no cogemos las cartas y nos olvidamos del tema, pasados unos meses consultaremos el saldo de la cuenta bancaria y encontraremos un embargo del importe de la multa o del impuesto, incrementado en los correspondientes intereses y recargos por la demora.