Manuel López Gallego con su libro "El final del camino" en el IES Arroyo Harnina. Foto: ©Almendralejoaldía

Pasó por las aulas de Primaria durante diez años, hasta que aprobó la oposición de Secundaria. Comenzó a formar parte del claustro de profesores del IES Arroyo Harnina cuando aún se llamaba “Instituto Número 3”. De esto han pasado 25 años. No ha trabajado en otro centro de Secundaria. La casualidad ha hecho que Manuel López Gallego publique su última novela “El final del camino” cuando el centro se encuentra celebrando su 25 aniversario. Este villanovense, afincado en Villafranca de los Barros, se siente a la vez profesor y escritor, sin despreciar un ápice ninguna de las dos profesiones que marcan su vida, de forma metódica, una de mañana y otra de tarde.

Ha publicado libros de relatos como “La puerta del palacio”, “El equilibrista”, “Novena de San Matías” o “El poeta y la muerte”; también libros de viajes. Pero se queda con la literatura juvenil con sus títulos como “El alma del bosque”, que fue premio “Leer es vivir” de la editorial Everest; “La manzana de Marco Polo”, Premio Villa de Pozuelo o Viento azul”, publicado por la Editora Regional dentro de su colección “Tigres de papel”, con ilustraciones de su compañera Laura Cirilo.

El miércoles 6 de marzo a las 19.30 horas el instituto al que acude cada día hará las veces de “marco incomparable” que acoja la presentación de su nueva obra. Sus compañeros estarán para arroparle, en especial Marta del Pozo, profesora de Lengua Castellana y Literatura y jefa de estudios, quien lo presentará; y con la música del profesor de Plástica, Diego Ramos.

-¿Empezó a escribir muy joven?
-Sí desde Bachillerato. Comencé escribiendo cuentos para la revista del instituto. Me gustó tanto verlo publicado, con mi nombre, que pensé que eso era lo que me gustaba para toda la vida.

-¿De qué trata “El final del camino”?
-La narradora es una niña de 12 años que nos cuenta su historia dentro de una mansión aislada en el campo, gobernada por una señora alemana rígida, y que no la deja hacer lo que quiere. Esa es su vida. Pero ella escribe un cuaderno en el que recuerda una época cuando fue feliz viajando con su padre en una autocaravana. Pero no sabemos si sería verdad o fruto de su imaginación.

-Ha pasado por narrativa y viajes hasta la literatura juvenil.
-La narrativa y la literatura de viajes fueron mis comienzos. No sé si a otros autores les habrá ocurrido, pero cuando empiezas haces tanteos para ver dónde está tu sitio. Pero poesía no he escrito nunca.

“Alguna historia que he escrito me he inspirado en alumnos del centro”

-¿Es complicado adaptar el lenguaje para acercarse a los jóvenes?
-Lo más difícil es encontrar el tono que le vaya bien al lector. No buscar un vocabulario excesivamente elaborado, contar historias atractivas…

-¿Se está potenciando la literatura juvenil o hay más autores que se dedican a ella?
-Cuando yo era joven no existía o no conocíamos ese género. Yo he comenzado a trabajarlo ya siendo profesor. Después de mandar a los alumnos que se leyeran ciertos libros de literatura juvenil y leerlos yo también. Antes los jóvenes nos adueñábamos de obras que no eran juveniles. Julio Verne, Salgari o Daniel Defoe no escribían para los jóvenes.

-¿Se inspira en historias que hayan ocurrido aquí en el instituto?
-La mayoría busco en lo que me ha pasado a mí en mi vida, o lo que me hubiera gustado. Pero alguna historia sí la he tomado de algún alumno del centro. Pero claro, no exactamente, sino que  a raíz de esta experiencia extraer algo parecido. Un libro es como un niño que nace, primero es una célula que va creciendo.

-¿Tiene tiempo para escribir, trabajar, preparar las clases…?
-Sí, porque soy metódico. Por la tarde, entre cuatro y seis lo dedico a escribir. Todos los días. La narrativa necesita de método y rutina. Después lo dedico a corregir o preparar las clases.

Educación y literatura
-¿Se siente más profesor o más escritor?
-Diría que más profesor, que es mi verdadera profesión.

-¿Le habla a sus alumnos de sus obras? ¿O ellos le preguntan?
-No creas, me preguntan poco. Muchos de ellos ni siquiera saben que escribo. Normalmente ellos no están puestos en el mundo editorial. En los libros de texto se les habla de autores importantes. En las lecturas obligatorias no les pongo mis libros, claro.

“Ha habido libros que las editoriales me han echado para atrás, y con el tiempo he entendido que con buen criterio”

-¿Han cambiado mucho los alumnos en estos 25 años?
-Quiero pensar que no mucho. No tengo la sensación de que antes fueran mejores. Siempre los veo igual.

-¿Podría vivir solamente de sus libros?
-Es complicado. Recibes algo por premios o las editoriales. Pero es muy difícil. Incluso escritores consagrados reconocen que es difícil. Tienes que ser un best seller. Normalmente viven de los libros que venden, pero también de los artículos que publican en prensa o de los premios a los que son invitados.

-¿Le han echado para atrás algún libro en las editoriales?
-Sí, bastante, y con el tiempo he entendido que con buen criterio. Cuando uno termina un libro cree que es buenísimo, pero cuando lo lee alguien de fuera ve que no vale tanto. Al principio te choca y lo pasas mal.

-¿Trabaja ya en algún otro proyecto?
-Puedo llevar varios entre manos. La cabeza no para de dar vueltas. Alguna vez escribiendo alguno lo he dejado porque se me ha ocurrido una idea que consideraba mejor. Pero nunca hablo de uno hasta que no se termina.

-Para terminar, ¿dónde podemos encontrar “El final del camino”?
-En cualquier librería. La editorial Edebé lo distribuye por toda España.

-Cuando lo ve en las librerías, ¿siente lo mismo que cuando vio su nombre en el cuento de la revista del instituto?
-La misma.