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Mapaternidad consciente

Foto de Tan Tranquila

¡Oh! ¡No!
¿Mapaternidad? ¿Consciente?
¡Una “hippada” más de la New Age!

Pues miren, no sé si es una “hippada”, o uno de los conceptos modernitos de turno. Lo que sí observo es que los cambios de paradigmas sociales y educacionales nos empujan a tener muy presente esto, de lo que tanto se habla, la Nueva Consciencia.

Algunas personas pensarán que caminan hacia esa nueva consciencia haciendo un poco de yoga, o PNL, o un máster on line de coach nutricional. Que cambiando el trigo común por la espelta o desterrando los lácteos de tu vida, tu mente hará una especie de BIG BANG y serás una nueva y mejorada versión de ti mismo. O que si llevas a tu bebé a una guardería autoproclamada Montessori, o te pones música en tu panza cuando estás embarazada, eres un ejemplo de una especie de “SER SAPIENS CONSCIENTE”. Y ojo, que a mí me encanta esta posibilidad y he eliminado el gluten, el lácteo y el azúcar de mi vida, llevo a mi hija a una escuela Montessori, y soy profesora de yoga (lo de coach me lo estoy planteando). Todo esto, o eso espero, es un camino para generar salud en tu vida. No hay duda. Sin embargo, me he dado cuenta de que se corre el peligro de convertirlo en parches. El secreto no es lo que hacemos, sino desde dónde lo hacemos. Preguntarnos a quién beneficia lo que hacemos, o por qué hacemos lo que hacemos. Beeee!!

Empecé hablando de mapaternidad.

Solo haré una breve acotación sobre este concepto. Respiren. Porque entrar en si el lenguaje es sexista o no, que si “qué pesadas somos las feministas”, que si bla, que si pascual…, se nos puede hacer eterno, y solo conseguiré terminar ofendiendo, sin querer claro, a los abuelitos reales que se sientan en los sillones académicos. Entonces, como no me siento incluida cuando se habla de Paternidad, y no quiero tampoco que los padres se sientan excluidos cuando se habla de Maternidad, tengo dos opciones: o hablo de maternidades y paternidades, cosa que se haría largo y un poco pesado en la lectura; o me acojo a una de las leyes de la comunicación y el lenguaje, “la economía lingüística”, que atribuye los principios de eficacia y creatividad a toda lengua. Y disculpen si aquí habla mi ego, creo que “la mapaternidad” es suficientemente creativo y aporta fluidez a mi lenguaje como para que pueda utilizarla en mi artículo.

Sigo.

Quiero ocuparme de lo que tanto me ocupa en mi presente, y a veces me preocupa: la mapaternidad consciente. Podría resumir mi experiencia de ser madre en el hecho de formularme constantemente preguntas. Creo que esto se agrava en mí por este vicio que arrastro desde mi infancia: gusto por llevar la contraria. Pero bueno, estoy satisfecha del resultado. Y debo decir que no encuentro una respuesta única, LA RESPUESTA. He llegado a la conclusión de que la respuesta es que no hay una respuesta y que lo importante en este caso, al hablar de mapaternidad consciente, es la pregunta.

Vaya lío.

Ordeno mi hipótesis (siempre quise formular una hipótesis).

Creo que es imprescindible que le pongamos mucha atención y honestidad a esto de criar. No es para menos. Se trata de personas, como tú y como yo. Lo que hacemos les afectará en un futuro cuando entren en el club privilegiado de las personas adultas. Y vuelvo a lo anterior. No creo que la consciencia, a la hora de criar, tenga que ver con lo que haces, sino en qué medida se trata de una decisión aquello que haces.

Ejemplos. Sí, que esto parece un poco ininteligible.

Vacunar. ¿Sí o no? Por supuesto no creo que los que deciden no vacunar a sus criaturas sean inconscientes. Esto os lo esperabais. Pero tampoco pienso que los que deciden hacerlo sean conscientes.  Lo que me parece una inconsciencia es vacunar o por moda, imposición o por que lo dice alguien, sin aceptar que la sanidad forma parte parte también del capitalismo voraz. Yo me pregunto, y le pregunto a mucha gente, si saben de qué han vacunado a sus hijas, hijos y de qué enfermedades, y cuáles serían lo síntomas de dichas enfermedades, si saben efectos secundarios de las vacunas… Siento decir que el 99 por ciento no lo tiene claro. De la misma manera, si no vacunas debes haberte informado, y tener un profesional de referencia que te acompañe. Porque, en cualquiera de los dos casos, creo que estás ejerciendo una mapaternidad inconsciente.

Epidural. ¿Sí o no? ¿No me digas que desde la decisión de ponerme la epidural ya estoy ejerciendo una mapaternidad? Desde mi punto de vista, por supuesto. De hecho, se trata de las primeras decisiones conscientes que tomaremos con respecto a nuestras criaturas. De nuevo no creo que se trate de ponérsela o no. Se trata de ponérsela o no habiéndose informado, y lo más duro, no ignorar a tu criatura en esta decisión. Porque estará ahí. Yo les pregunto a las mamis cuando van a la prueba de la epidural si han consultado si tiene alguna consecuencia en sus criaturas, y siento decir que el 99 por ciento no lo pregunta. Siento también decir que no conozco casos de papás que hayan ido o preguntado, o se hayan pronunciado con respecto a la epidural. También está el caso de quien sí lo ha preguntado y le han contestado: ¡con lo que las mujeres han luchado por la epidural no podéis rechazarla, sería un rechazo a toda esa lucha! (palabras de un señor de bata blanca que debería recibir la insignia del más feminista del hospital).

Colecho. ¿Sí o no? El colecho, para quien no lo sepa, no es más que dormir con tu criatura. Hay suficientes estudios y profesionales que hablan del colecho como algo natural, instintivo e incluso sano para los bebés. La realidad es que a veces se convierte en un incordio para los mapás (no puedo dejar de crear). Por eso, no sé si el tema está en sacar o no a tu criatura de la habitación marital, sino de si somos capaces de reconocer que lo hacemos por nosotras, las personas adultas, y no porque vayamos a aplastarlos o mal-acostumbrarlos.

Se me ocurren mil ejemplos más donde el quid de la cuestión es justamente eso, la cuestión: pongo chupete porque lo necesita o porque eso me permite dormir más; llevo a mi criatura a la guardería para que socialice a los seis meses, o porque yo, para estar sana mentalmente, necesito un tiempo para mí; le doy purés y no comida solida porque de verdad pensamos que no están preparados, o porque a mí, mapadre, me da miedo, o porque no tengo tiempo para limpiar el desastre que supone una criatura de 1 año con un plato de garbanzos; de verdad me lamento de que mi hija de 4 años me pida Peppa Pig, o me cuesta reconocer que la primera vez que se lo puse fui yo para poder ducharme o hacer un viaje sin llantos…

Con todo esto, qué quiero decir.

Pues que, a veces, nuestras decisiones como mapadres son por nuestro bien, no por el de nuestras criaturas. Siempre digo que un hijo o hija necesita de unos mapás sanos que sepan darle lo que necesitan. Porque, quizás, después de tomarte un café con una amiga, o irte a hacer deporte, volverás con las pilas cargadas para atender a tus hijos e hijas con más presencia. Pero tenemos la mala costumbre de inventarnos excusas para eximirnos de las responsabilidades que esto significa. Porque además creemos que así no seremos mapás guays de la Nueva Consciencia. Yo creo que hay una enorme reparación de daño cuando somos capaces de reconocer que las cosas las hacemos porque nos benefician a nosotras, de esa forma dejaremos de cargar responsabilidades a los hijos e hijas. Sobre todo porque llegará un momento en que les pidamos a ellas que sean responsables.

Cuando llegue ese momento yo me preguntaré. ¿Soy capaz de hacerme responsable de mis decisiones de todos estos años?