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Mercados del mundo

La plaza del Mercado está más de moda que nunca.
Los ciudadanos proponen y el Ayuntamiento dispone.
Hay un montón de ideas, pero casi todas coinciden en llenar de vida a este precioso edificio.

Una de las cosas con las que más disfrutamos en nuestros viajes es con la comida y, si es local y callejera, mejor que mejor. Las últimas tendencias de un lado a otro del planeta son convertir viejos espacios en desuso en focos de cultura, ocio y disfrute.

Lugares donde los olores más variados y exóticos se mezclan con diferentes ritmos de música, mientras bebes un Margarita mirando un cuadro de vanguardia, o comprando productos deliciosos y especiales, la mayor parte de ellos artesanales.

Fábricas otrora destartaladas, embarcaderos decimonónicos, viejos aserraderos… Pero lo más cool son los antiguos mercados. Y no todos son tan auténticos y peculiares como el de Almendralejo.

El celebérrimo mercado de San Miguel fue el primero de este tipo que conocimos. Situado junto a la plaza Mayor de Madrid, conserva su estructura original de hierro y es un imán para turistas y locales. Siempre a tope de gente disfrutando desde el mejor jamón hasta el marisco más fresco.

Muchos mercados de Madrid han seguido la exitosa tendencia y ya no solamente venden alimentos: ponen tapas, hacen zumos, cócteles, comidas exóticas. Son mercados gastronómicos. Y además aprovechan su espacio para mostrar otras manifestaciones culturales y lúdicas. Son lugares donde te apetece ir a cualquier hora, e invariablemente, tienen una acogida maravillosa.

Uno que nos encanta es el Mercado de los Mostenses, al lado de la Gran Vía de Madrid, una mezcla de lo más ecléctica entre restauración y venta productos frescos de comidas asiáticas europeas y sudamericanas.

No es un lugar exclusivo, ni lujoso, es francamente accesible y maravilloso.

Otro al que siempre volvemos es al Mercado da Riveira o Time-out Market en Lisboa. Este sí algo más caro, pero con infinitas opciones y gente guapa por todos los lados.

En Windhoek, capital de Namibia, alucinamos en el Mercado de Katutura. Un sitio impresionante, donde además de productos frescos de la zona hay multitud de puestos de comida: porridge, extrañas verduras, la típica Kapana.

La Kapana es carne asada a la brasa, normalmente de vaca, hecha en un fuego abierto. Nosotros la encontramos bastante dura, quizá no sabíamos que pedazos elegir.

Pero lo más extraño son los Mopani, o gusanos secos. Algo insípidos para mi gusto, aunque según la OMS, cargaditos de proteínas.

En Hamburgo (Alemania,) un antiguo embarcadero es hoy un espacio multiusos: bar-restaurante- chill out-sala de exposiciones-heladería-etcétera. Todos los días se forman colas para entrar. Recomendado al máximo: Strand Pauli.

En Dinamarca, el Lighthouse de Aalborg, una antigua fábrica de muebles, hoy alberga un oasis de calidad culinaria y cultural, con una atmósfera muy acogedora. Más de 16 tipos de cocina de todo el mundo proporcionan una experiencia multicultural súper auténtica.

 

Lo mismo pasa en Aarhus y Copenhagen, en el antiguo garaje de la estación de autobuses y en un viejo mercado.
Aarhus.Copenhagen

O en el Mercado Central de Riga (Letonia), situado en los antiguos hangares de los Zeppelines. Cinco enormes pabellones patrimonio de la Humanidad, donde no sólo la comida te atrapa: la historia y la arquitectura son muy importantes allí.

Estos, y muchos otros que me dejo en el tintero, eran lugares abandonados, cubiertos de mugre y malos olores, donde sólo se oía el corretear de las ratas. Hoy son espacios alternativos, lugares de encuentro, donde tener charlas y experiencias interesantes, donde escuchar un concierto, o acudir a la presentación de un libro o la exposición de un artista local; donde comprar artesanía o verdura de la zona.

Lugares llenos de energía y actividad donde muchísimos corazones palpitan a la vez disfrutando de la vida.