Antonio García Martín de las Mulas

Hablamos con el enfermero Antonio García Martín de las Mulas tras recibir el Premio Extremeño al Voluntariado Social 2018, el cual le emociona especialmente

Este venezolano de nacimiento nos atendió en su botiquín en una entrevista que realizamos junto a un grupo de alumnos del colegio José de Espronceda

La Consejería de Sanidad y Políticas Sociales concedió, a finales del pasado año, el Premio Extremeño al Voluntariado Social 2018, en su modalidad individual, a  Antonio García Martín de las Mulas. El motivo: “por su contribución como voluntario incansable durante cuarenta años por mejorar la vida de las personas más vulnerables, principalmente en la ciudad de Almendralejo y su comarca”. Fue propuesto por la asociación de médula ósea, ADMO.

Cuando Antonio lo recuerda se emociona. No es la única vez que las lágrimas se asoman por sus ojos y le ahogan las palabras. También cuando admite que su mujer es la persona más importante de su vida. De quien más orgulloso se siente. Quien ha estado a su lado incondicionalmente. Con la que lleva 33 años casado. A quien le debe parte de lo que es.

El premio concedido le llegó especialmente, aunque hay gestos que le satisfacen de la misma manera. “Las gracias de corazón que me dio una señora por lo que hacíamos con su hijo en el tratamiento de personas con alcohólicas, ese es el primer premio”. Aquí también le cuesta contarlo y hace verdaderos esfuerzos para continuar con un hilo de voz.

Aparte de estos momentos, la entrevista con este enfermero nacido en Venezuela por el exilio laboral de sus padres, transcurre con alegría y preguntas ingeniosas. No las que hacemos nosotros, sino seis alumnos de sexto de Primaria del CEIP José de Espronceda. Es tan complicado buscar un hueco en la agenda de Antonio, que decidimos acudir junto con esta cita que ya tiene concertada.

Los acomoda en la pequeña zona de espera que tiene en su botiquín, ubicado en la carretera de Santa Marta. Al principio todo parece rápido y casi caótico. Pero cuando empieza a hablar no hay prisas, y responde con meridiana claridad. Mirando a los ojos, incluso acercándose a ellos con un gesto de cariño si los alcanza cerca. Siempre se muestra muy atento.

Antonio se dirige a los alumnos que le realizan la entrevista

Este es uno de los valores más admirables del enfermero que se afana en explicar a los estudiantes que él no cura enfermedades, pero sí relata un puñado de casos curiosos. Como ese hombre con una rojez inexplicable en el muslo trasero. Hasta que descubrieron que era la reacción de la piel a la cartera que portaba en el bolsillo. Ríe.

-¿Cuántos premios por su labor social tiene en su haber?
-Cronológicamente, Ciudadano Ejemplar, Colegiado de Honor, otro que me gustó mucho fue el de la RCB, porque era la gente quien votaba a través del teléfono. También el de Buena Persona y otro del Centro de Iniciativas Turísticas, que yo recuerde.

La mayoría han sido por su labor social, y de voluntariado. Lleva al frente de la hermandad de Donantes de Sangre de Almendralejo un cuarto de siglo. Sin embargo como donante no cuenta en su carné con más de seis donaciones. “Empecé muy tarde a donar porque padecí brucelosis (fiebre de Malta)”, cuenta. Y otros “berenjenales” como él llama cariñosamente a cada una de las actividades que realiza en favor de los ciudadanos.

Se define como un “enamorado de su trabajo”, al que que muchas veces “no le gano ni un duro y dedico tiempo a solventar muchos asuntos”. No hay horarios en su botiquín de enfermería. Los pacientes van llegando por la tarde y van cogiendo la vez. “Cada uno con una historia”. No lleva la cuenta. Siempre está disponible. A cualquier hora con tal de facilitar actuaciones que la burocracia uniformiza.

Terminó sus estudios en 1972, y tras pasar por el hospital Don Benito-Villanueva, se establece en la ciudad, en la calle Martos, en el año 1976. Nunca ha ejercido en la sanidad pública, puede que por un detalle “menor”. Hasta los 50 años no se inscribió en el registro como español. Todo ese tiempo figuró como venezolano. Sin embargo es algo que, aclara, no le ha impedido desarrollarse profesionalmente y hacer lo que ha querido.

-¿Se considera lo que hoy se denomina un emprendedor?
-No, porque no tengo madera de negociante.

-Tiene 63 años. ¿Piensa en la jubilación?
-No. Porque me quiero jubilar cuando lo haga mi mujer, y a ella aún le quedan 4 años y 4 meses. Así que trabajaré hasta los 67.

-¿Qué hace en su tiempo libre?
-Tengo muy poco. Pero siempre me ha gustado mucho el frontenis. Lo he practicado hasta la semana antes de que me diera el ictus. Estoy deseando volver.

-Ha mencionad el ictus. ¿Fue éste y el tiempo de después lo más duro que ha pasado?
-El ictus fue “nimio”. La depresión que padecí fue horrorosa. Pero quedó atrás. Muy atrás.

En estos momentos uno de los chicos que sigue atento el desarrollo de la conversación levanta la mano para preguntar qué es depresión. Antonio le responde que es “un estado anímico en el que te vienes abajo, y sólo te gusta estar así”. Baja la cabeza hasta casi la altura de las rodillas y se la sujeta con las dos manos. “No puedes con tu alma. No ves la realidad de la vida”, intenta aclararle Antonio al joven. Termina diciéndole que él lo define como “una escayola mental”.

Antonio al finalizar la entrevista con los alumnos del colegio José de Espronceda

-¿Qué aprendió de todo ese tiempo?
-Que no hay mal que por bien no venga. Aprendí que aunque tengas una desgracia, algún punto positivo siempre hay.

-¿Cómo fue la vuelta al trabajo?
-Muy natural. La depresión no se supera de un día a otro. Es poco a poco. Pero eso ya quedó para la historia.

Es este el momento en el que trae a la conversación a su mujer, porque estuvo a su lado “en todo momento”. Pero entre lágrimas llega la broma, y las regañinas que recibe de ella “por el desorden que tengo”, confiesa. “Ella es muy ordenada. Yo no es que no lo sea, pero mi vida es  un tiovivo en el que doy vueltas, subo y bajo… vivo en una revoltura”.

En la despedida, una de las madres que aguardaba el final de la entrevista con su hijo le manifestó que después de esta charla “entiendo más por qué es merecedor del premio”.