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Osteoporosis

La osteoporosis es la descalcificación de nuestros huesos y no debemos confundirla con la artrosis que es la pérdida de cartílago articular.

Con la osteoporosis el hueso se vuelve frágil y débil debido a la disminución de la densidad de masa ósea y a veces pueden producirse fracturas espontáneas. Éste suele ser el síntoma principal, por eso es considerada como una enfermedad silenciosa.

Gracias a la densitometría ósea podemos hacernos una idea de la calidad ósea de nuestro esqueleto. A partir de sus resultados podremos saber si nuestros huesos tienen una masa ósea normal, un principio de osteoporosis que se llama osteopenia o una osteoporosis en sí.

En el interior de nuestros huesos se producen distintos cambios metabólicos, estos están regulados por algunas hormonas, la actividad física, la dieta, los hábitos tóxicos y la vitamina D, entre otros.

A partir de los 30-35 años nuestros huesos van perdiendo calidad ósea. La osteoporosis en las mujeres suele ser más frecuente que en los hombres, debido a dos motivos principalmente: los cambios hormonales que se producen en la menopausia (ya que la pérdida de estrógenos debilita el hueso) y el nivel de masa muscular, que es menor en la mujer.

Existen distintos fármacos para el tratamiento médico de la osteoporosis, uno de los más comunes son los llamados bifosfonatos. Existen algunos estudios que relacionan las fracturas atípicas con el uso prolongado de bifosfonatos, ya que los huesos se hacen más gruesos pero son menos fuertes.

La cantidad de calcio que podemos tener depende de nuestra dieta, del ejercicio físico y de las tensiones a las que sometamos a nuestro esqueleto.

El Calcio, el Fósforo y la Vitamina D son esenciales para la salud del hueso.

Pero ¿cómo podemos prevenir la osteoporosis?

Optimizando los niveles de vitamina D
A través de la exposición solar: un contacto diario de una
superficie del cuerpo (brazos, por ejemplo) con el sol durante 15/20 minutos es suficiente para obtener la dosis diaria necesaria.

Evitando alimentos procesados y edulcorantes artificiales
El azúcar refinado y productos derivados (bollería, pastelería, bebidas azucaradas) para ser absorbidas necesitan, entre otras sustancias, el calcio, que el organismo sustrae de los huesos, aumentando así la secreción urinaria y la pérdida de este mineral.

Una fuente rica en calcio y magnesio es la melaza o miel de caña, una excelente alternativa al azúcar refinado.

La dieta debe ser rica en verduras, frutas, cereales integrales, frutos secos; y moderada en grasa y proteínas animales.

Hay que reducir al máximo las bebidas carbonatadas ricas en fosfatos, el consumo de tabaco, café, alcohol y chocolate, ya que acidifican la sangre y desmineralizan el hueso.

El Dr. Robert Thompson en su libro “La mentira del calcio” recomienda el uso de sal no procesada (sal del Himalaya) como una alternativa mucho más sana para los suplementos del calcio. Según este autor el hueso se compone de al menos una docena de minerales y el enfoque exclusivo de la suplementación con calcio probablemente empeore la densidad ósea y aumente el riesgo de desarrollar osteoporosis.

Aumentando la ingesta de Omega 3 y vitamina K2
A través de pescados, mariscos, nueces y de vegetales de hoja verde.

Manteniendo niveles saludables de estrógenos
Para aumentar los niveles de estrógenos se recomiendan isoflavonas o plantas ricas en fitoestrógenos. También soja y vino tinto con moderación.

Evitando esteroideos
Las altas dosis de cortisona se consideran como la segunda causa más común de osteoporosis.

Practicando algo de ejercicio, incluyendo ejercicios con pesas como entrenamiento de resistencia
Mejorar la postura, el equilibrio y la fuerza muscular. Ejercicios de fuerza y potenciación muscular, y ejercicio aeróbico como caminar, pedalear, correr, bailar,…

Ante un paciente con osteoporosis la primera idea es aconsejarle una dieta rica en calcio. Lo primero que se suele recomendar es aumentar la ingesta de lácteos. Pero actualmente existen diversos estudios que nos proponen tomar otros alimentos ricos en calcio, ya que según ellos, la leche posee calcio pero no llega a asimilarse totalmente, debido a la proporción de calcio:fósforo presente en la leche de vaca, éste debería ser 2:1 y sin embargo, los niveles de fósforo son más elevados.

También se considera como un alimento acidificante, que acidifica el pH sanguíneo y por ello, el organismo, para neutralizar esa acidez, recurre a sus reservas de calcio que están en los huesos; de esta manera nos roba el calcio de los huesos.

Otro inconveniente que puede surgir es que el calcio ingerido con los lácteos y que no se ha asimilado se instale en nuestras articulaciones provocando calcificaciones y en nuestros órganos internos como pueden ser en los riñones o la vesícula biliar dando lugar a cálculos.

Sin embargo, tenemos otros muchos alimentos ricos en calcio que se consideran más saludables, como:
Frutos secos y semillas: Sésamo, cacahuetes, nueces, almendras, pipas de girasol.
Judías y derivados: tofu, judías blancas, garbanzos.
Verduras: col rizada, col seca, coles de Bruselas, repollos, brécol, nabos, espinacas, perejil, berros, berzas, ortigas, grelos.
Pescados: salmón, especialmente las espinas de pescados pequeños como sardinas.
Mariscos: almejas.
Frutas: naranjas, higos.
Cereales en grano: harina de trigo integral.
-Otros: algas, soja.

¡Cuidemos de nuestros huesos, son nuestra segunda piel!