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¡Qué curioso!

APRENDIZAJE PURO vs. CURIOSIDAD e ILUSIÓN

Hubo un tiempo en que aprender y enseñar era sencillo. Estaba todo muy bien definido. No había “muchos colores”. No había matices. Simplemente existía aquello que debíamos saber todos, aunque la mayor parte de ello nunca fuera aplicado después. Pero lo aprendimos.

Ese tiempo cambió. Aquellos saberes fundamentales que debíamos adquirir se fueron difuminando sin saber bien cuáles eran aquellos de los que debíamos prescindir y cuáles nuevos incorporar al currículo, ni en qué medida, en las cabecitas de nuestros zagales.

Hoy, “todo está ahí” esperando que lo descubramos. Es tan grande y diverso el catálogo del conocimiento y de las vías de acceso al mismo que resulta complicado establecer acertadamente la idoneidad de unos contenidos sobre otros.

“Hoy” es ese nuevo tiempo, para el que simplemente se nos pide ser coherentes en nuestra labor como maestros y como familia. Coherentes con nuestro tiempo y con las nuevas formas de relacionarnos con el medio.

En mi opinión, solamente hay un par de cosas que debemos ser, aprender y enseñar; a ser curiosos y a ilusionar. ¡Seamos curiosos e ilusionemos!

CURIOSIDAD. La curiosidad es ese deseo, chispa o motivación que forma parte de nuestro equipamiento de serie, que nos permite avanzar, que rompe nuestra monotonía, que nos ofrece puertas a lo nuevo, que nos estimula, nos emociona y capta toda nuestra atención provocando un placer indescriptible al descubrir algo, aunque ya existiera en nosotros.

Sin curiosidad no hay conocimiento. “No tengo ningún talento especial, pero tengo curiosidad”, decía “el pollo”. Albert Einstein, se llamaba.

La CURIOSIDAD es ese prisma con el que deberíamos poder mirar todos para convertir lo cotidiano en maravilloso. Así, la curiosidad, aderezada con esa pizca de magia, alegría e ilusión con la que deberíamos ver el mundo, nos estimularía tanto que siempre estaríamos ávidos de información y conocimiento.

Pongamos un ejemplo en el que se mezclan adecuadamente curiosidad, aprendizaje, ilusión, magia y esa pizca de optimismo con los que ver siempre el futuro.

Recientemente tuve la oportunidad de conocer como a un grupo de personas se les encargaba un estudio multidisciplinar sobre la Contaminación Espacial en nuestra atmósfera.

El APRENDIZAJE llevó a todos, todos, a conocer que:

1.- La mayoría de desechos espaciales pululan por nuestro universo “sine díe”,

2.- Aquellos residuos, al entrar en contacto con la atmósfera, se desintegran provocando maravillosos haces de luz, (para nosotros, estrellas fugaces)

3.- De esos haces de luz, debido a su composición química, la mayoría suelen ser desechos orgánicos humanos. ¡Qué curioso!

Obtenidos los resultados y hechos objetivos por todos, pudimos comprobar “curiosamente” que solamente algunos pudieron analizar con ILUSIÓN, OPTIMISMO y MAGIA todos aquellos datos.

Así pues, resultó que donde unos comprobaban simplemente que una gran parte de los residuos del espacio no eran preocupantes puesto que se desintegraban en la atmósfera”, otros veían, (prescindiendo de todo el romanticismo que subyace) que la mayoría estrellas fugaces provenían del fenómeno puramente químico provocado por la combustión de residuos orgánicos de los astronautas de las diversas estaciones espaciales”.

Pero, CURIOSAMENTE, hubo un tercer grupo que, dotado de esa visión mágica que confiere el prisma de la emoción y de la ilusión, después del estudio, concluyó simplemente que habían descubierto algo maravilloso: “los astronautas cagan estrellas fugaces”.

Evidentemente, a la tercera de las conclusiones no pudo atribuírsele ningún rigor científico. Era un pequeño grupo compuesto simplemente por maestros y, además, quizá, simplemente fueran los encargados de mantener viva la llama de la curiosidad, de la ilusión y de la emoción en sus alumnos.

“Sólo se aprende aquello que se ama. El cerebro sólo aprende si hay emoción”. Francisco Mora. Doctor en Medicina y Neurociencia.

Hoy, más que nunca, desde “Montero”, brindo por seguir encontrando a gente curiosa como la que me rodea en mi profesión.

Brindo por no perder la ilusión.

Brindo por “seguir viendo cagar estrellas fugaces”.