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Queridos Reyes Magos…

 “Queridos Reyes Magos,

Sí, ya sé que por este año habéis cumplido. Pero visto lo visto no os ha dado tiempo a leer mi carta. Así que me he propuesto mandaros 365 cartas, una cada día, para ver si así entre tantas, la mía no se os despista. Sólo pediré una cosa.

¡Paz en el mundo!

Era broma.

Como os pedía en mi anterior carta,

¿Sería posible un poco de Sentido Común?

El sentido más nombrado y el más difícil de encontrar de todos los sentidos. Y aunque parece que nos atañe a las “personas humanas”, con el diluvio actual, somos la especie que menos lo usa.

En el reino animal, el sentido común de cada especie rige cuando llueve y se ponen a cubierto, cuando almacenan comida porque llegarán meses de hambre, cuando lame a sus crías para curarles una herida…

En el reino de las “personas humanas” no. No a todo, casi. Pues parece que el camino es deshacerse de este sentido junto con otros tantos como son el sentido crítico, el sentido del juicio y por supuesto, el sentido del humor.

Ni que decir tiene que la especie humana ha conseguido también apagar el sentido del olfato, con la cantidad de contaminación; el del gusto, con los alimentos transgénicos y pesticidas; el de la vista, construyendo edificios sin ton ni son; el del oído, con la contaminación acústica y los gritos entre unos y otras; y el del tacto, atrofiado de tan poco que nos tocamos.

¡Qué cosas!

Volvamos al sentido común.

Me encantaría saber en qué parte del camino evolutivo del ser humano, se ha comenzado a involucionar. Porque dejar aparcado el sentido común en la almohada nada más levantarnos, para mí, y sin ofender, es involucionar. O llevarlo como bandera para enmascarar prácticas de manipulación y propaganda, también es involucionar, pero vestido de etiqueta.

Y también me encantaría saber, cómo, lo que se suponía ser sentido común durante miles de años de existencia del homo y homa sapiens, en los últimos 70 años se ha dado completamente la vuelta para convertirse en algo de modernos y hippies. No sé.

Quizás, si somos unas cuantas las que nos salimos de lo “común”, tendría que pensar que si no me hacen gracias los chistes machistas, doy teta a mi criatura donde me da la gana, busco un parto lo más natural posible, no me gusta comer alimentos tóxicos o plastificados, me encantan los tomates de la huerta de mi vecina, creo que la malicia no está en los niños y niñas (si no en la mente adulta), que lo público del pueblo, que los ayuntamientos no son cortijos que gestionan unos cuantos, que el sistema educativo está para acompañar y facilitar, no para encorsetar y aborregar, y que la salud pública es eso, pública… no es que esté poniendo en práctica el SENTIDO COMÚN, sino que soy una HIPPIE ALTERNATIVA MODERNITA y un poco GEDIONDA*.

Porque yo la verdad no encuentro Sentido en lo Común. Y me pregunto qué Sentido tiene comprarse una casa, un coche y una televisión plasma si tengo que trabajar en lo que no me gusta, o cuál es el sentido de gritarle a una criatura “NO GRITES!”, o qué Sentido tiene querer montar una familia si no voy a tener tiempo para dedicarle. Tampoco le veo mucho Sentido a quejarnos porque los niños y niñas usan el móvil o ven Peppa Pig cuando fuimos las personas adultas las que les dimos acceso a ello. Y que alguien me explique qué Sentido tiene alegrarse del fin de las navidades porque las resumimos en excesos, y gastarnos lo poco que hay en las arcas municipales en iluminar las calles cuando hay muchas a las que una manita de asfalto no les vendría nada mal.

Así que, queridos Melchor, Gaspar y Baltasar, con todos mis respetos, dejaros de tanto regalo inútil, y reflexionad un poco. Tenéis un año para no que caer de nuevo en las mismas “cosas comunes”.

Pd: os agradecería que si no podéis traerme lo que pido, me lo hagáis saber para pedirle al de las barbas blancas que ponga un poco de orden.

Gracias.”