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Si algún día me muero…

yo muero
tú mueres
el/ella muere
nosotros/as morimos
vosotros/as morís
ellos/as mueren

Efectivamente.

Vamos a morir. Sí. Hasta lo que conocemos a 2018, morir, moriremos todos y todas. De morir no se escapa nadie. Vamos, que será el único evento que no se pierda ni el “tato”. Y no lo digo sólo por ser genéticamente existencialista. Bueno, quizás, un poco sí.

Mi tía abuela Nana a veces decía, “si algún día me muero…”. Y lo decía a sus noventa y tantos, orgullosa de sus piernas blancas sin varices y sus pechos tersos ajenos al paso de tiempo. A veces dudaba si era verdad y no se moriría nunca.

Sin embargo, aquello que sólo era una anécdota, hace unos tres años y medio volvió en forma de recuerdo espontáneo. Justo cuando cayó sobre mí la losa de un post-parto que no iba ser fácil.

La “Nana” resumía el deseo de la mayoría de los seres humanos: por favor, por favor diosito, que yo no me muera. Y es que, al atravesar el subidón de haber parido, y caer del pedestal de la “super woman”, una certeza se abrió a la vez que los ojos de Pepa… “Al darte la vida, te doy la muerte”. Y esto, junto a otro recuerdo espontáneo, “San Manuel Bueno Mártir», de Unamuno, hicieron un cóctel muy peliculero. Los misterios de la mente.

Me costó meses darme cuenta de que la única solución a las malas jugadas de mi mente era aceptar las reglas del juego. El anuncio de “cucal” empezó a convertirse en una obsesión. Ya sabéis, ese de nacen, crecen, se reproducen y mueren. Y claro, empecé a tachar de mi lista. Yo nací el 4 de junio de 1983, crecí, nació Pepa y… Pues eso… Lo siguiente…

El pensar tanto en la muerte, me hizo ver que la sociedad no lo hace más allá del miedo a morir. Lo hemos convertido en un tabú. Tantas veces he escuchado “anda, madre, no pienses en eso”. “Eso”, ese “eso” innombrable. Ese “eso” que es lo único que tenemos seguro en la vida. Así, el anhelo de eternidad, y la ausencia de la palabra “muerte” han sido dos de las grandes bazas del capitalismo más voraz. Y muy bien jugada la carta por su parte. Las cosas como son.

Es curioso esto de la muerte. Porque mientras menos pensamos en ella, menos vivimos. Llenamos nuestras vidas de futuros que no existen, de hipotecas, de objetos inútiles. De vidas sin tiempo. Nos lo robamos a nosotras mismas, se lo robamos a los niños y niñas.

¿Si algún día me muero? …

Como cambiaría la película si cambiara la pregunta…

¿Y si me muero mañana?