Sara, Sol Esther y Juli compaginan su vida laboral y familiar con su pasión por la competición de raids de aventura y carreras de orientación

En el último rogaine que han participado se han subido al pódium como campeonas veteranas de España

Entre las cuatro suman diez hijos. Oscilan entre los 40 y los 47 años. Casadas. Con trabajo. Y las obligaciones propias de la vida moderna. Pero su hobbie las hace especiales. Sus hazañas las convierten en una especie de súper heroínas, con super poderes, que se transforman al calzarse las deportivas, subirse a la bici, engancharse la brújula e interpretar un mapa. Esther, Sara, Sol y Juli pueden escribir con barro cada uno de los raids de aventura en los que compiten, a los que son asiduas y, confiesan, es pura adrenalina para ellas. Para sus vidas.

Podríamos tejer una tela de araña pichando chinchetas en todos los puntos de España a los que han viajado para competir, bien en raids (orientación a pie, bici y pruebas de aventura), bien en rogaine. ¿Qué es esto? Es una modalidad de orientación que “consiste en pasarse ocho horas corriendo buscando balizas, pero es súper divertido y los paisajes son preciosos”, cuenta Sol. Para ello es necesaria una estrategia previa y sumar el mayor número de puntos posibles. En el último que han participado se han subido al pódium como campeonas veteranas de España, y subcampeonas en la absoluta.

En el campeonato rogaine de España

Tanto Sara como Esther están ligadas al mundo del deporte. Sara es profesora de Educación Física en el colegio San Roque de Almendralejo; y Esther Pizarro es la técnico municipal de Deportes del Ayuntamiento. Sol y Juli son de Aceuchal. La primera es maestra de Infantil, la segunda trabaja en los ajos. Su caso es si cabe aún más curioso. Con 47 años “no he hecho deporte nunca”. Tal cual Forrest Gump piporra cuenta graciosa que un día empezó a correr y no paró. “Es la más rápida de todas”, confiesa Esther; “la velocidad suya de ir cómoda es alta para nosotras, no podemos seguir su ritmo”, apunta Sara. En dos años, además de la aventura, ha corrido maratones y medias maratones sin despeinarse.

Bueno, el pelo sí se les moja cuando llueve. Cuando hace frío. Y sin embargo reconocen que las inclemencias meteorológicas hace aún más atractivas las pruebas. “Quien peor lo pasa es quien espera en la transición”, explica Esther. Comentan que incluso han pasado horas en una furgoneta, con los retoños que en algunas (muchas) ocasiones han viajado con ellas. Todas se enamoraron de su primera experiencia de raid de aventura. Algunas tejieron este idilio poco a poco, otras siguen siendo choques apasionados, como la primera vez, y otras tuvieron que esperar porque la maternidad salió a su encuentro.

Porque son madres. Pero también deportistas. Abnegadas y disciplinadas. No hay recompensa económica al final de la meta que les empuje hacia ella, sólo la sensación de bienestar, las endorfinas que el cuerpo administra en la práctica deportiva. Un pivote central que gira en torno a sus vidas y las ha unido.

Sus vidas
Esther se levanta muy temprano. Su reloj suena de noche. Hacia las seis. “Es cuando mejor se hacen las tareas del hogar”, desvela. Es madre de cuatro criaturas. Familia numerosa que lleva para adelante, revela, con organización. No sólo participa en este tipo de pruebas, también lo ha hecho en la calificada como más dura  del mundo, el ironman (que ya podían cambiar el nombre). Los hombres y mujeres de acero tienen que cubrir 3,86 kilómetros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42,2 (una maratón) de carrera a pie. Ya se enfrentó a uno, y prepara otro para próximamente en Hamburgo.

Esther ya ha competido en una ironman y prepara otro; es madre de familia numerosa, igual que Sara

Juli comenta que ella lo tiene más “fácil”. Su hijo es adolescente y no precisa de la atención constante de la infancia. “¿Qué os dicen en casa?” “Que estoy loca”. Pero ella mira para otro lado y sólo piensa en correr, en encontrar balizas, en la siguiente pedalada y en sus compañeras de fatiga.

Sol y Juli entrenan con la escuela de raids de aventura, que se desarrolla en el colegio San Roque, los miércoles. “Un poco más en serio”, señalan. Como si poder sacar una hora de su día a día no fuera suficiente serio. “Una hora sí, una hora lo puede hacer cualquiera”, afirman en su modestia. Sin embargo, al ahondar en la situación cuentan que, a veces, deben hacer verdadera ingeniería doméstica para poder entrenarse. Pero lo consiguen.

Todas visten sport. Con grandes relojes con pantallas casi en modo ordenador donde seguro les detallan cada uno de los parámetros que necesitan registrar para seguir mejorando. “pero con cabeza”. Sara comenta que saben hasta donde pueden llegar. De hecho cuando les preguntamos por la lesiones, se miran entre ellas, tuercen la boca y fruncen los ojos para hacer memoria. No se han lesionado nunca. Y larga vida tendrán en los raids porque “tú puedes adaptarlos”. Planean la posibilidad de coger sus bastones de trail cuando la edad avance sin compasión. Pero esto no lo dejan.

Categoría femenina
No es cuestión de fuerza o velocidad, sino de estrategia, resistencia e inteligencia. Y de eso estas cuatro raiders women andan sobradas. Por eso les molesta que en la categoría femenina de los raids la distancia para las féminas sea menos que para las categorías mixta o masculina en élite. El reglamento entiende que si un equipo es sólo de mujeres el nivel de exigencia es menor, comparable a la categoría de principiante.

A veces se inscriben en la categoría masculina de raids porque la femenina cuenta con un itinerario con nivel de principiante

Se rebelan contra esta desigualdad injusta e ilógica y confiesan que en muchas ocasiones se han inscrito en la categoría masculina, aunque no consiguieran clasificación, pero para poder realizar un recorrido acorde a su preparación. Tampoco están muy conformes con las competiciones que excluyen a los hombres. De hecho este próximo fin de semana está previsto un raid femenino, pero aclaran que pueden participar hombres solo que, las inscripciones, para ellas, para animarlas en esta práctica, es gratuita.

Si pudiéramos poner música para hilvanar este reportaje sería una canción sin letra. De esas que comienzan normal y van in crecendo. Que ponen las emociones a flor de piel y el estómago se gira. Y terminan en euforia total. Porque si hay alguna palabra que las define a las cuatro es motivación. Espíritu de competición. Lucha. Constancia. Mujeres.