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Tú no eres «todos los hombres»

No. Laura no somos todas. Yo no soy Laura. Yo estoy viva.

No. Tú no eres “todos los hombres”. Tú no asesinas. Pero eres un hombre.

Querido compañero, siento tanto que pertenezcas al género que viola, mata, explota y denigra a las mujeres. No debe ser fácil. Pero de la misma forma que en este juego a mí me tocó nacer con el género que vive con miedo, a ti te tocó pertenecer al que cumple el papel del asesino a sueldo del patriarcado. El que aprieta el gatillo. Es la sociedad quien carga la pistola.

Entiendo que te genere rechazo el enfado que tenemos las mujeres. Un cabreo que nos lleva a tratarte como a uno más de “la manada”. Entiendo que tú, que no le ríes las gracias a los machirulos de tus amigos que van de putas, a los que hacen chistes machistas, o los que piropean a las mujeres por la calle, pelees por no ser ellos. Que te enrabies. Que patalees.

Pero, querido compañero. Ojalá no fuera así. Ojalá no murieran tantas mujeres a manos de hombres. Ojalá no tuviéramos miedo al ir por la calle. Ojalá, ojalá no fuera así. Pero sí. Eres hombre. Y las mujeres desaparecen entre las manos de los hombres.

Yo no te pido que agaches la cabeza. Te pido que, con la humildad que se necesita para reconocer que tus iguales son los que dañan, con la cabeza muy alta, te sientas orgulloso de ser un hombre que no mata, no acosa, no viola y que nos ve a las mujeres como compañeras subidas al mismo escalón para mirarnos a los ojos.

Nosotras tomamos consciencia hace años del lugar en el que estábamos. Sacamos los dientes. Hacemos lo que podemos para protegernos. Para que nuestras hijas sean libres.

Compañero, te toca sacar los dientes contra todos esos que aprietan el gatillo, empuñan la navaja o la botella de gasolina.

Os toca uniros en contra de todos los que hacen de vuestro género una lacra.

No somos vuestras enemigas. Estamos heridas. Nos apalean, mutilan, violan y venden. Hay mucho dolor heredado en nuestras células. Todavía estamos abiertas en canal. No nos pidas que seamos correctas y justas. Porque la justicia no vela por nosotras.

Querido compañero. Lucha por vosotros. Por los hombres. Lucha por hacer de tu género lo que es, sagrado.

Yo seguiré al lado de las mujeres. Seguiré “gritando con cien mil lenguas” que ya está bien. Pelearé por que mi hija pueda vivir libre. Lucharé por que las mujeres seamos nombradas. Le diré a mi hija que “coño” no es una palabrota. Pondré la peor de mis caras a quienes opinen sobre mi cuerpo. Me quedaré con ganas de escupirle al que me llamó Anita cuando me presenté como Ana. Saldré a la calle con miedo, pero saldré, y cruzaré de acera cuando tenga a un hombre detrás. Hablaré en femenino para contrarrestar tanto masculino. Seguiré atacando al sistema de salud patriarcal, y pensando mal de todos los hombres que se dejan quitar el plato por sus mujeres, y sintiendo asco por los que se “toman solo una copa” en la sala de fiesta de mi pueblo.

Si en el camino no soy capaz de ver que todos no sois iguales, te pido disculpas, pero quizás os toque a vosotros hacer para que los que no sois iguales seáis más y visibles.